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El castillete del Pozo Ibarra

El castillete del Pozo Ibarra

OPINIóN IR

18/11/2020 A A
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El castillete del Pozo Ibarra
Ya hemos hablado aquí, en alguna ocasión, sobre la minería del carbón y lo que ha significado para esta tierra; y sobre el duro golpe que, de un tiempo a esta parte, ha supuesto su cierre, especialmente en algunas comarcas, en las que miles de paisanos nuestros han sufrido –y aún sufren– sus consecuencias. Pero no tienes más que darte una vuelta por cualquier zona minera para comprobar que el mundo del carbón forma parte de su esencia…

Un buen ejemplo es Ciñera, en la Montaña Central –como a 40 kilómetros al norte de la capital leonesa– en donde se encuentra un auténtico símbolo: el Pozo Ibarra, declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Etnológico el 15 de septiembre de 2011; y cuyo elemento más representativo, el castillete, cumple por estas fechas nada menos que noventa años…

Con una altura de unos 31,5 metros –35 incluyendo el tejadillo–, y construido por Construcciones Juliana de Gijón con 60 toneladas de metal, fue inaugurado en noviembre de 1930, siendo presidente de la Hullera Vasco-Leonesa –su propietaria– Francisco de Ibarra, que acababa de llegar al cargo un par de meses antes y continuará en él hasta 1943. Y, aunque el castillete fue dinamitado en la Guerra Civil –inundándose la explotación–, se reparó y estuvo en funcionamiento hasta finales del siglo XX. El pozo se clausuró definitivamente el 20 de diciembre de 1996, sobre las diez de la mañana, sellándose con doce metros cúbicos de hormigón. Y se colocó, a su vez, una chapa metálica que dejaba bien a las claras su importancia: «¡Gracias por tu fruto! Recordando los que se quedaron para siempre contigo».

Ahora que se cumplen noventa años de la inauguración del castillete puede ser buen momento para acercarse por allí. Desde Ciñera es un paseo que no llega ni a media hora, y está muy cerca –y casi de camino– del Faedo que, aunque en cualquier época del año parece el escenario de un cuento de hadas –si recuerdas, lo hablábamos aquí hace poco más de un año–, en otoño, si cabe aún más.
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