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El casco antiguo tiene un plan

El casco antiguo tiene un plan

OPINIóN IR

24/05/2019 A A
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El casco antiguo tiene un plan
El casco antiguo ya no es viejo. Lo fue, sin duda, pero su imagen ha cambiado tras bastantes años y tras cambiar, también, los criterios y las inversiones para su remodelación.

La cara ha cambiado, tanto que si Menéndez Pidal, el arquitecto conservador (no el famoso), levantara la cabeza y viera su aspecto actual, los colores de sus fachadas y las rehabilitaciones y nuevas construcciones que se han llevado a cabo, se caería de espaldas y volvería a su tumba horrorizado. Que en paz descanse, porque buena intención tendría, pero otra cosa, no.

Pero el cuerpo y el espíritu de toda la zona, ya es otro cantar. Eso es más difícil, pues el casco tiene encima varias circunstancias nada positivas que lastran todo su desarrollo y funcionamiento.

Por un lado, la propia estructura de los edificios, la del ladrillo, más bien el adobe y el tapial, no facilita precisamente su renovación. El conjunto histórico no es el de una ciudad rica como pudo ser en su día Sevilla, Salamanca o Toledo, sino una ciudad más bien normal tirando a pobre, con pasadas glorias muy gloriosas y también muy contadas. La mayoría de las casas, pues casas eran y son, han crecido entremezclándose en el más amplio sentido de la palabra, con habitaciones de una sobre la otra o con sótanos del otro bajo el uno, y de tan baja calidad que el derribar un inmueble, a la más mínima, se producía, y produce, la ruina de el de al lado.

Y luego está el subsuelo, una lotería a la que, contrariamente a lo que pasa con las loterías, es mejor no jugar porque casi siempre toca, y para mal, porque más de dos mil años de uso, ocupación, luchas, guerras e incendios, dejan huella. Vaya si la dejan.

El trazado de las calles, es el que es, el que hay, el que se ha generado como se han generado siempre los poblados, luego pueblos, luego villas, luego ciudades, por necesidades de acceso puro y simple, un desarrollo orgánico dependiente exclusivamente de la propiedad y de la necesidad de llegar al lugar de vivencia, un trazado sinuoso, de muy difícil uso no solamente para hacer llegar bien los servicios de basura o limpieza, sino el propio funcionamiento de los vehículos particulares, algo cosido inevitablemente a los usuarios.

Un envejecimiento de la población residente, que vive no muy confortablemente pero adaptada a su entorno, en unas viviendas muy por debajo de lo que hoy se estila, con el agravante de que ese envejecimiento termina convirtiéndose, es ley de vida, en fallecimiento y muy probablemente abandono y cierre de esa vivienda.

La peatonalización, muchas veces inevitable, ha revitalizado una parte, en realidad pequeña si se compara con el total de la superficie, favoreciendo el comercio y, sobre todo, la hostelería. Ha dado ‘vidilla’, muy vistosa por cierto, a esas zonas, pero ha complicado mucho la integración en lo que es la vida normal de la ciudad: es estupendo pasear por la calle Ancha, pero llevar una maleta (o cualquier otra cosa un poco grande no digo muy grande), hasta tu casa, es un verdadero problema. Es estupendo para los de fuera, pero un incordio para los de dentro que están muy lejos de las ‘comodidades’ de los que viven extramuros.

Alguna circunstancia más se puede añadir, pero con esto ya es bastante.

Ahora el Ayuntamiento nos anuncia un plan para revitalizarlo. Y ya era hora, porque, a pesar de esa mejora de aspecto, el resto, la arqueología, la edad de los residentes o la calidad de las construcciones, amén de la propia realidad del trazado de calles, o el bajo valor comercial, esencial para dar vida al conjunto, permanece invariable, igual que hace cuarenta años.

En todo caso es de esperar un poco de más ‘manga ancha’ en esa arqueología, que no es necesario ser tan restrictivo, pues modos y maneras de solventarlo existen, o en los propios usos de los edificios, aplicando posibilidades no contempladas, incluso prohibidas en la normativa general, como viviendas-estudio (salón, cocina y dormitorio en una única pieza).

En fin, que les espera una buena tarea que, ojalá, se culmine con buenos resultados.
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