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El carea leonés ya tiene quien le quiera

El carea leonés ya tiene quien le quiera

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Sevilla es el nombre del carea leonés del secretario de la Asociación Canina de León, Félix García. | S.M. Ampliar imagen Sevilla es el nombre del carea leonés del secretario de la Asociación Canina de León, Félix García. | S.M.
S.M. | 10/08/2016 A A
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El carea leonés ya tiene quien le quiera
Sociedad Tras décadas luchando por su reconocimiento, el Boletín Oficial del Estado incluye desde este martes al perro leonés de pastor, autóctono de la provincia, como raza pura canina española
La de Amadeo Alejandre podría decirse que es una gran ‘vida perra’, dicho en el buen sentido de la palabra. Y teniendo en cuenta que el mundo canino es su pasión, este criador leonés se llevó este martes una de las grandes alegrías de su vida al saber que, por fin, se reconoce el perro leonés de pastor como raza española, tal y como recogía el Boletín Oficial del Estado.

«Esto es un gran hito, es mucho más importante que la morcilla», bromeaba un Alejandre entusiasmado, que reconocía que tantos años de trabajo «han merecido la pena».

Amadeo Alejandre: No soy partidario de que se diga que es un can desconfiado ni de que se le llame carea, porque suena a cazurroHasta este martes, el perro leonés de pastor –perro de Aqueda, más conocido como carea– era una raza no reconocida oficialmente.

El objetivo de la Asociación de Criadores de León, explica Alejandre –presidente y fundador– era «conseguir el reconocimiento como raza autóctona» y dejar de formar parte de la clasificación de los grupos étnicos españoles, al igual que el carea castellano-manchego o el lobito herreño.
Ahora, el gran reto para el carea –del que se empezó a hablar en los 50– es que su futuro no se vea amenazado por la imparable reducción del número de rebaños de ganado ovino en pastoreo y por la creciente difusión de razas caninas extranjeras que podrían llevar a la sustitución, mestizaje o absorción del can leonés. Con todo, a Alejandre no le gusta que a este perro pizpireto se le llame carea, aunque es como se le conoce mayoritariamente en la provincia.

«No soy partidario de que se diga que es un perro desconfiado ni de que se le llame carea, porque suena a cazurro», dice el ‘padre’ de la raza, aunque reconoce que en León se le conoce así. Del perro leonés de pastor, como prefiere llamarlo Alejandre, cuenta que es un can que destaca por su inteligencia, su lealtad y su inteligencia, «un perro increíble que puede bucear y nadar».

La razón de ser de los careas es el manejo y guía de rebaños de ovejas. Tienen una disposición innata a ello y gran capacidad de atención y aprendizaje, y son incansables en su trabajo incluso en las condiciones climáticas más adversas. Los perros de pastor están muy apegados a su dueño, están siempre atentos a sus órdenes y se someten a la disciplina.

Un perrín menudo siempre alerta


El carea leonés es un animal de tamaño mediano, con una alzada entre 48 y 55 centímetros en machos y entre 45 y 52 en las hembras. Dicen de él que es un perro activo que está siempre alerta, es ágil y ligero para poder correr tras el rebaño evitando su dispersión, o para poder acudir veloz a por la oveja que se separa del grupo. Dicen que es un perro vivo, menudo, listo, leal, muy espabilado.

Félix García, secretario de la Asociación Canina de León, ha tenido varios. Es, sin duda, su raza favorita, y él prefiere llamarlos careas porque «llamarlos leonés de pastor es una francesada». A su juicio, el reconocimiento «está bien, pero el problema es que la raza aún está sin hacer y existe el peligro de que el incierto futuro del pastoreo haga peligrar su supervivencia».

«El siguiente paso en la conservación del carea sería la aprobación, por parte del Ministerio de Agricultura a través de la Junta de Castilla y León, de la catalogación del carea como raza en peligro de extinción», señala Félix García, que estima que en León hay unos 300 careas, «aunque no todos son aptos».

«Entre los problemas más graves hoy  se encuentra la suplantación y el mestizaje con razas foráneas invasoras, que puede acabar con el legado genético, y cultural que tanto esfuerzo costó a nuestros antepasados», advierte Félix García.
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