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El camión de las historias ocultas

El camión de las historias ocultas

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| 26/04/2019 A A
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El camión de las historias ocultas
Todos sospechábamos que debajo de las ejemplares historias de los reyes de nuestra enciclopedia escolar había truco o excesiva literatura florida; imaginábamos que debajo de las estatuas ecuestres o gigantes que muchos tienen repartidas aquí y allá hay asuntos truculentos, que su pedestal muchas veces es de barro...

El tiempo nos fue confirmando que de algunos de los que aparecían en letras mayúsculas y sobre enormes pedestales –y ellos son gigantes– también se han escrito historias terribles, que si Calígula fue un demente, incestuoso, epiléptico, enfermo sexual, cruel y endiosado; Felipe V llegó a creer que el sol le atacaba y la muerte le perseguía; Fernando VI creía que eso de ir al baño a temas mayores no era cosa noble y llegaba a sentarse sobre pomos puntiagudos para hacer tapón y no soltar lo que llevaba dentro; Carlos II se hacía pelucas con el bello público de sus amantes; la zarina Catalina necesitaba tener unas 8 relaciones sexuales al día para lo que tenía una larga lista de amantes que en muchas ocasiones debían ser probados primero por sus médicos –ya no os quiero traer a colación la leyenda o realidad de que murió practicando sexo con un caballo–; muchos mataron a padres y hermanos, se casaron con parientes cercanos; decían que salían a por tabaco y marchaban a cazar elefantes...

En fin. Que casi nunca nos hablaban los libros del camión que soportaba el peso de las historias ocultas y preferían que miráramos extasiados para la enorme estatua, si es ecuestre mejor. No extraña por ello que la última que nos llegó a León lo hiciera rodeada de polémica, se le ve el camión de sus historias ocultas. O es que en León somos así, que también.
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