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El camino arranca bien

El camino arranca bien

A LA CONTRA IR

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| 14/05/2019 A A
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El camino arranca bien
Cada día, cada sábado, cada domingo, están los campos de fútbol llenos de niños que sueñan, desde que el balón es casi más grande que ellos hasta que les va llamando por otros caminos la adolescencia, el Húmedo o el hastío de ver que aquel camino no conducía a ninguna parte, que el equipo de su ciudad –que milita desde ni sabe cuándo y hasta no se sabe cuándo en categorías de barro y pozos negros– se nutre de exotismo llegado de lejanos continentes o presuntas figuras que no se sabe por qué no las supieron apreciar donde estaban y vienen aquí afirmando que les subyuga «un proyecto serio y ganador», del que nada sabían antes de que les susurraran al oído esta frase que ellos deben repetir en la rueda de prensa, porque ganar partidos no sabrán pero exigencias para que te concedan una entrevista...

Y así aquel camino que arrancaba cuando estos enanos corrían todos juntos alrededor del balón y lo rodeaban como si quisieran obligarle a rendirse, que va cogiendo forma con unos entrenadores con más paciencia de la que le achacaban a Job, que se alimenta de muchas horas de juego y muchos kilómetros de padres y madres recorriendo esos campos de dios o del ayuntamiento, que debería desembocar para unos pocos en el orgullo de militar en los equipos que representan a tu tierra... aquel tren descarrila en otro de los delirios de grandeza tan nuestros.

El secreto por el que nuestra lucha leonesa ha sido una de las pocas que no han muerto es que siempre tuvo un hilo de unión con sus pueblos, a los que representan estos deportistas. El secreto de por qué se va muriendo es que se está rompiendo ese vínculo.

De eso los representantes y vividores nada saben.
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