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El caballo de Troya

El caballo de Troya

OPINIóN IR

20/10/2015 A A
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El caballo de Troya
Hace algunos días se presentaban como polémicas unas afirmaciones del cardenal Cañizares a propósito de los inmigrantes y refugiados, que están viniendo masivamente hacia Europa desde países predominantemente musulmanes. Probablemente dichas declaraciones no eran oportunas ni políticamente correctas, dado el drama que están viviendo esos cientos de miles de seres humanos que ven obligados a huir de sus países, dejándolo todo para huir de la persecución y de la muerte.

Decía el Cardenal que nos podría ocurrir algo semejante a lo que pasó con el famoso caballo de Troya, una enorme escultura de madera, presuntamente dedicada a los dioses, pero que estaba llena de soldados que en determinado momento salieron de ella para abrir las puertas de la ciudad y que pudieran entrar quienes venían a combatirla. Dicho de otra forma, manifestaba que no todo es trigo limpio y que es posible que en medio de estas multitudes puede haber gente infiltrada que viene con intenciones retorcidas.

Ciertamente no le falta razón a la hora de advertir que no hay que bajar la guardia en ningún momento, pues siempre hay quien se aprovecha de los males ajenos para sus intereses particulares.

Pero sería injusto pretender presentar a Cañizares como un enemigo de los refugiados, sobre todo cuando los hechos demuestran todo lo contrario, pues ha dispuesto en su diócesis de Valencia que se adopten medidas para acogerlos y ayudarlos. Lo que ocurre es que hay medios que están siempre al acecho, sobre todo en temas de Iglesia, para distorsionar la realidad y sacar las cosas de contexto. Por lo tanto, a la hora de leer determinados comentarios o informaciones, no deberíamos dejarnos engañar por gente manipuladora. Y en este caso concreto tal vez deberíamos deponer nuestra ingenuidad y no tomar a broma la advertencia del Cardenal de que detrás de este lamentable fenómeno de los refugiados hay gente que lo provoca con unos objetivos y metas muy claros, como pudiera ser una invasión solapada y encubierta de sus ideas y creencias.

¿Significa esto desatender a los refugiados? De ninguna manera.
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