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El agua de la vida de los pueblos leoneses

El agua de la vida de los pueblos leoneses

TRIBUNA DE OPINIóN IR

Francisco Javier Gonzalez Rojo | 15/08/2021 A A
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El agua de la vida de los pueblos leoneses
Tanto la orografía como la urbanización del territorio condicionan, de forma fundamental, los servicios públicos y no el idioma u otro tipo de entelequias políticas, por lo que la singularidad territorial debe constituir un principio de la Gestión Política así como un criterio determinante de la organización administrativa territorial y su descentralización. La generalización dispositiva sin reconocer tal especificidad, propia del centralismo, genera desigualdades territoriales y es causa trascendente de despoblación.

León se parece a un gran requejón territorial que, por el Oeste, lo conforma el macizo montañoso de los Montes de León y, por el Norte, la Cordillera Cantábrica coronados con puntas de más de dos mil metros. De sus neveros surte tanta agua como en ningún otro lugar dando vida a más de mil cuatrocientos pueblos, tantos como los de las secas provincias castellanas de Palencia, Valladolid, Burgos, Ávila y, casi, Segovia juntas.

Esa orografía montañosa causó que la gran parte del territorio propiedad de cada pueblo fuese comunal y solo el fondo de los valles, abiertos por las aguas, privativo. A su vez, tal causalidad motivó una gestión con una organización administrativa propia de los pueblos, la Gestión Comunal, ejercida por una Junta Vecinal amparada en una democracia popular patrimonial representada en la institución del Concejo.

Así, se puede grabar que el agua dio vida, como diosa prolífica, a cada uno de los cuantiosos pueblos leoneses lo mismo que los pastos y praderas los fueron criando, desde entonces, determinando su tamaño y desarrollo.

Así, se comprende la importancia de aquel pueblo montañés, asentado entre la junta de dos caudalosos ríos, el Yuso y el Vallones. Sus barrios se desarrollaron en torno a sus fuentes siempre bien cuidadas y arregladas, al agua, de las que se abastecían sus gentes, como la del Salido, la de la Plaza, la del Angelico, la de las Lleras y hasta se podría añadir la de la Corván. Es más, había cuadras que disponían de un venero al lado en el que se daba agua al ganado.

Cuando se metió el agua a las casas a mediados del siglo XX, para la traída, se buscó un manantial que fuera caudaloso y que se recogiese directamente de la roca, de buena agua que además de insípida fuere fría y, ante todo, sana, sin importar tanto la distancia a que estuviese del pueblo. Se decidió que la mejor era la Fuente de (f)Honcanada que, aunque lejana, brotaba a raudal y exuberantemente durante todo el año. Por conducción cubierta se llevó, sin perder altura, a través de Socarroble a Cueto Palombar para de allí bajar a los Praos de Barrojano antes de llegar a Cueto Castiello y, dejando al lado Los Cotarones, pasar a Los Casarines y de allí a Los Regarachos cruzando los más de cuarenta metros de anchura del río Vallones, subiendo, después, desde Las Fonticas hasta Encimalacueva, donde se construyó el depósito por cima de La Cueva del Osón, dominando el pueblo. Desde aquel descendía a La Varga, por detrás de casa Luzdivina, hasta la arqueta de la que se distribuía a todo el pueblo.

De esa forma llegaba a cada casa sin ver la luz, no solo por mantener su frescor, sino, ante todo, para impedir su contaminación. Para evitar la inoculación por los lodos que se decantaban en el depósito se hacían, como mínimo, dos hacenderas al año para limpiarlo. La canalización y el depósito se ejecutaron en hacendera y con dinero del pueblo administrado por la Junta Vecinal que disponía de su mantenimiento.

De las casas se desaguaba por tubería a tres efluentes que aportaban caudal más que suficiente para el traslado de las aguas fecales y su disolución: el de Cimavilla, que se alimentaba con el arroyo de Bear y discurría en paralelo a la presa que atravesaba por medio el pueblo desembocando en el Cuarno de Abajo donde se utilizaba para fertilizar una pradería que se segaba de verde de primavera a otoño, y los dos de La Redonda, que se sacaban de la presa regando y abonando huertos.

Un sistema similar del agua de abastecimiento se da en todos los pueblos leoneses exceptuando los escasos grandes núcleos urbanos. La configuración residencial leonesa consistente en poblaciones pequeñas, muchas y muy próximas entre sí y con su propia captación de agua y correspondiente administración comunal (Juntas Vecinales) otorgan al sistema un carácter específico, que ni tiene nada que ver con las ciudades, ni con otras regiones españolas. El agua, como bien comunal, ha sido objeto de la inmemorial Gestión Comunal Leonesa. Como tal y como recurso básico ha sido gratuita y, también por ello, su garantía, obligación vecinal en hacendera. El titular de la propiedad de las instalaciones es el pueblo que las construye, correspondiendo la responsabilidad de la gestión a la Junta Vecinal. Además, el aspecto sanitario ha sido prioritario en todo su proceso consecuencia de una trasmisión secular inteligente inherente al sentido común. Las sinergias en su aprovechamiento fueron otra virtud recurrente a esa gestión tradicional inteligente.

Si ese agua purificada fue el origen de todos y tantos pueblos leoneses, ese agua, que enturbiada de intereses ya ha sido motivo de la muerte de muchos, puede ser la causa de la definitiva desaparición de los que aún resisten con pocas fuerzas y sin que se les tenga en cuenta.

Si ya no hay brazos para aquello que se hacía en hacendera ni bolsillos suficientes que pudieren pagarlo, ya no es que cada vez haya menos gente en los pueblos, es que se van a quedar sin suministro de agua potable. Porque donde no hay población no hay quien pague tasas y si al legislar y asignar competencias de servicios públicos no se discrimina entre ciudades y pueblos, no se conoce la peculiaridad territorial leonesa de numerosos y pequeños pueblos a diferencia de Castilla, ni se reconoce que cada pueblo leonés con su Junta Vecinal es el titular de los abastecimientos y saneamientos, amparado en sentencias judiciales, y no el Ayuntamiento, mucho menos se presupuestará ni les llegará el dinero requerido para tales obligaciones y competencias.

En una mal diseñada y peor ejecutada y gestionada descentralización territorial española, el agua en los pueblos de León está como está y cada pueblo, de momento, se arregla como puede y gracias a la Propiedad Comunal y a esa secular Gestión Comunal, y si alguien piensa que lo de los pueblos leoneses no pudiere estar peor…mejor que la Política, lo del agua de beber, si no es para compensar a las Juntas Vecinales el coste de su mantenimiento y reconocer su competencia, ¡ni lo toque!
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