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El abuelo que resucitó

El abuelo que resucitó

OPINIóN IR

14/10/2022 A A
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El abuelo que resucitó
Gimnasio, hora punta. «¿Qué tal Mamen, bonita?», pregunta la señora de la limpieza a una chica que se está cambiando de ropa. «Pues mira, mal, porque mi abuelo está ingresado», la chica coge aire para explicarlo, pero la señora de la limpieza la interrumpe: «Ay, vaya, lo siento. Pues yo hoy acompañé a mi padre al hospital». «Anda ¿por qué no te cogiste el día?». La señora de la limpieza mueve la cabeza con una media sonrisa de resignación: «Yo sé lo que hay, tiene cáncer y tiene cáncer. Le están poniendo un tratamiento. Encima, mi hijo pequeño está en casa con fiebre y a mi marido lo tienen que operar de una hernia». Lo cuenta de una manera que parece alegrarse, me digo. La chica habla: «Vaya, por mucho que pienses que lo estás pasando mal, siempre hay alguien que lo está pasando peor». Yo me encuentro en medio de las dos secándome con la toalla y veo pasar la conversación de una otra como una bola de ping pong. La señora de la limpieza considera que ahora tiene que dejar explayarse a la chica: «Y a tu abuelo ¿qué le pasa?». «Que se le paró la mitad del corazón y tuvieron que hacerle una operación y le pusieron una maquinita para que trabajara el corazón, pero le entró un hongo que se comió la maquinita y tuvieron que volver a operarlo. Y se murió».

La señora de la limpieza se queda paralizada, yo me quedo paralizada. ¿No había hablado en presente? O es que me hecho un lío con los tiempos verbales, pensaba que el abuelo estaba vivo.

«Se murió y el anestesista salió llorando del quirófano y se pusieron a reanimarlo y revivió y ahora ya está despierto y ya habla y yo le pregunto, abue, sabes quién soy, y me responde, mi princesa, ay, nos dijeron los médicos que eso que le pasó es un caso único en el mundo, si es que mi abuelo quería vivir y los que tienen que vivir, viven –hace un puchero–. Estoy muy sensible, esta mañana no paraba de llorar».

Escucho fingiendo no escuchar, y con ganas de preguntar: ¿qué pasó cuando se murió, qué sintió, que vio?, ¿se lo has preguntado?

«Es que esa generación es muy fuerte», aporta la señora de la limpieza en tono filosófico. «Cuánto tenemos que aprender», responde la otra en el mismo tono. «Y que lo digas, Mamen, bonita».

Abandono el vestuario con la sensación de que la mitad de la historia se ha quedado sin contar, y de que es cierto eso de que cuando lo miras de cerca, nadie es normal.
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