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Edgar Allan Poe y el Hospital Monte San Isidro

Edgar Allan Poe y el Hospital Monte San Isidro

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José Javier Carrasco | 05/04/2022 A A
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Edgar Allan Poe y el Hospital Monte San Isidro
Los otros y yo (14) Por José Javier Carrasco
En el relato de Edgar Allan Poe ‘La verdad del caso del señor Valdemar’, un seguidor de Mesmer desea realizar un experimento para averiguar si existe la posibilidad de retrasar la llegada de la muerte, mediante pases magnéticos. Quien al final se presta como conejillo de indias es Valdemar, un enfermo de tuberculosis, que sabe por sus médicos la hora casi exacta en que va a morir. En la descripción que se hace del personaje se destaca su extrema delgadez, una piel blanca y las características manchas hécticas de las mejillas. Señales de una enfermedad recogida por primera vez en los ‘Vedas’ y a la que Hipócrates en su ‘Tratado de las enfermedades’ consideraba hereditaria. Bautizada por los románticos como la «plaga blanca» se le atribuía provocar un estado de euforia en quienes la padecían, favorable para crear, que, a medida que se acercaba el final, permitía rozar la belleza suprema. Son abundantes las referencias literarias a ella, la más famosa la novela de Thomas Mann, ‘La montaña mágica’, que transcurre en un sanatorio antituberculoso en los Alpes suizos, en Davos, donde permaneció un tiempo ingresada la mujer del escritor. La montaña, un lugar cargado de simbolismo, considerado en la mitología de algunos pueblos como un espacio dual compartido tanto por muertos como vivos.

El médico alemán Hermann Brehmer, en 1858, crea el que se considera el primer sanatorio antitubercoloso en Göbersdorf, Silesia, a 650 metros sobre el nivel del mar. En el último tercio del siglo proliferan ese tipo de establecimientos, primero en Alemania y después en el resto de Europa. Al ver las imágenes de algunos de ellos, nos recuerdan a lujosas residencias, hoteles rodeados de jardines con hermosas vistas, propicias para el necesario reposo que se aconsejaba a los enfermos de ese mal desde los ‘Vedas’. Quizá teniendo en cuenta estos detalles, en 1933 se decidió reutilizar el Gran Hotel de Boñar, inaugurado en 1905, como hospital antituberculoso: aire saludable y un entorno tranquilo. Estuvo en funcionamiento hasta 1960, en que empieza a funcionar en la carretera de Asturias el hospital del Monte San Isidro con capacidad para trescientas veinticinco camas. La estancia media de hospitalización era de dos años. De la enfermería y la atención de los servicios centrales y generales del centro se encargaban monjas de la congregación de las Hermanas Mercedarias de la Caridad. A partir de 1987 la titularidad pasó a la Junta de Castilla y León.

Cuando hice el COU en el curso 1970 -1971 se programó una visita al hospital de San Isidro. Se supone que debíamos ayudar buenamente a aquella gente a pasar un rato entretenido, que les permitiera olvidar su situación durante una hora. Recuerdo los gestos contenidos y resignados de los enfermos, algunos ajustándose al retrato de Valdemar, el personaje de Poe. En sus miradas creí leer: «Todos conocemos nuestro pasado, vivimos en el presente, pero no nos está permitido adivinar qué nos deparará el futuro, si mañana seguiremos vivos. Aprovecha bien tu tiempo cuando aún puedes».
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