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Economía, sanidad y educación en España

Economía, sanidad y educación en España

OPINIóN IR

17/11/2020 A A
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Economía, sanidad y educación en España
España es una nación siempre dirigida por insensatos y arribistas que usan el poder en su propio beneficio, tratan de resolver su precaria situación, se promocionan como algo insustituible y milagroso y lo único que realizan es una ceremonia de la confusión y practican con el país el método cangrejil. Exactamente los que dirigen las riendas de esta nación milenaria se comportan como las familias que no practican una vida somera y ahorrativa cuando las finanzas de la casa se ven erosionadas por la carestía, las crisis o las circunstancias variadas que pueden sobrevenir a una unidad familiar en todo momento. Entonces es cuando se comprueba que los padres, los cabezas de familia demuestran que son dignos de tener en cuenta por su seriedad y honestidad puesto que ante los hechos tozudos de verse azotados por la falta de recursos puntuales afrontan los hechos aplicando un régimen de sacrificios que afectan a todos los miembros de la casa por igual y tratan de salir adelante mediante un régimen de solidaridad y cooperativismo. Una familia en apuros no se gobierna con unos padres que se dedican al divertimento, al gasto sin control y estimular las deudas sin contención porque desean mantener el ritmo de gasto de la época de vacas orondas, acudiendo a créditos de todo tipo, a préstamos y al aumento de los gastos que no pueden reintegrar sufriendo las consecuencias de los desahucios y de que les llegue el agua al cuello, encontrándose en situaciones límite.

España hace tiempo que es un país al límite de sus posibilidades en el terreno de la política económica europea porque no ha hecho sus deberes de correcciones hacia la modernidad como le corresponde y desea seguir viviendo de las ayudas europeas que después administra del modo que conocemos , mostrando un entramado económico superficial y endeble, apoyándose en actividades poco sólidas, estimulando siempre la subvención y las ayudas, implorando en los foros europeos el dinero que no ahorra ni sabe administrar adecuadamente , sin corregir la corrupción que todo esto genera y lamentándose siempre cual plañidera irredenta para vergüenza de una mayoría de españoles que ve siempre cómo se frustran los sueños de generaciones que esperan de su país que sea respetado en el concierto de naciones.

¿Y por qué todo esto? Sencillamente porque no sabemos votar a los mejores y cada cuatro años acudimos a las urnas con un espíritu de adoctrinamiento partidario y partidista que nos conduce cada vez más a la precariedad. Elegimos a los más inútiles que, una vez recibida la confianza del pueblo, se dedican a sacar los trapos sucios, a enfrentarse por guerras de antaño, a insultarse , descalificarse y a destruir todos los puentes y edificaciones morales, sociales y políticas conseguidas en una ceremonia del despropósito y de la confusión, sin otro horizonte que conseguir sus ambiciones personales aunque después dejen una ciénega a sus espaldas. Mientras tanto cuando a la nación le asolan las crisis, y esta que padecemos es morrocotuda, los políticos de un gobierno en precario se dedican a probar decretos exprés durante el encierro vírico, a demostrar su ineptitud en la resolución del problema sobrevenido del bichito con todas sus implicaciones de organización, a contarnos nanas y fábulas trasnochadas y a mostrar el ridículo de su falta de interés y preparación en las Cortes, adulados por una red de periodistas mercenarios que sólo cuentan lo que les indican a cambio de las subvenciones de turno.

Los señores de negro están a la vuelta de la esquina y si algo otorgan a nuestra España es porque ellos resultarán serán beneficiados a la larga, pero lo que no están dispuestos a otorgar es que se les ningunee con tanto beneficiario de fondos públicos que no sea productivo. Parece que los que tienen el dinero lo soltarán a cambio de recortes que los que tienen el sillón ya anuncian para los de abajo menos para ellos que deberían comenzar a dar ejemplo y suprimir infinitos sillones estériles. Italia ya comenzó. Desde luego que no se queda atrás en su responsabilidad el pueblo que permite con su pasividad, conformismo y falta de responsabilidad, el troleo y la desinformación de unos políticos que sólo viven para asegurar el sueldo, las dietas y la jubilación, mientras el país cae en la desorientación, la pandemia económica y la anarquía administrativa generalizada perdiendo a la vez las notas características de su idiosincrasia y de su historia merced a unos débiles oportunistas que ocupan los sillones de dirección de la nave nacional.
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