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Duro como un pastor duro

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Una imagen habitual en los campos de Villamartín de Don Sancho, Eleuterio el pastor con su rebaño, hasta el final, la foto es de 2018. | JESÚS G.G. Ampliar imagen Una imagen habitual en los campos de Villamartín de Don Sancho, Eleuterio el pastor con su rebaño, hasta el final, la foto es de 2018. | JESÚS G.G.
Fulgencio Fernández | 31/05/2020 A A
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Duro como un pastor duro
Los inolvidables El pastor de Villamartín de Don Sancho era él, una figura clásica con su rebaño, pastor mientras tuvo un gramo de fuerzas. Una de esas vidas que no merece el olvido
Eleuterio el de Villamartín de Don Sancho es el pastor que tantas veces te has encontrado por la carretera si pasabas por ese pueblo. Un inolvidable, buen conversador de lo suyo, filósofo como todos los pastores, duro como solo unos pocos. Uno de esos que cuando preguntas por él rápidamente te dicen: «Muy duro», que es mucho decir en una tierra así.

Eleuterio se fue el 18 de marzo, a punto de cumplir 87 años, a medio camino entre el coronavirus y la químio que se estaba poniendo y soportaba como un paisano duro. Aquella noche le empezó a doler el pecho y con el miedo a lo que pasaba en los hospitales en plena crisis sanitaria se confabularon para acabar con una vida para no olvidar.

Eleuterio casi nació pastor, en Villamartín. Como su abuelo, como su padre y como hoy lo es su hijo Fernando. A los seis años ya andaba Eleuterio en el oficio, primero en el monte, después ya en los rastrojos y tierras, allí, cerca de la carretera, donde le veías.

Era pastor y todo lo que acarrea. De los que esquilaba y bien, tanto que en la última fiesta de la esquila se empeñó en hacerlo y la enfermedad le pasó factura, pero es que le gustaba presumir de lo que sabía hacer. Como presumía de las verduras que cultivaba.

Era sabio como sólo son los pastores. Por eso en aquel 1983, el día de Santiago, pese a que nunca regresaba a casa por una nube no lo vio claro, echó a andar, las ovejas a correr y casi no pueden entrar en casa pues cayó una granizada con piedras como nueces.

Tuvo la familia tienda en el pueblo pero Eleuterio volvió a sus rebaños y sus cosas, siguió adelante, aunque la vida le golpeó duro en varias ocasiones, como cuando en 1997 un hijo de 31 años se electrocutó con los tubos de la maíz. O como cuando su mujer murió atragantada por no tener un teléfono a mano.

Pero Eleuterio seguía adelante. Hasta hace nada, hasta hace unos meses, al lado de sus ovejas pese a la quimio, pero ese mal fario familiar quiso que se borrara su silueta de pastor de la orilla de la carretera de Villamartín.
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