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Duero

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OPINIóN IR

09/05/2021 A A
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Duero
Mientras reflexionaban, viajé hacia el Este sin conexión con el mundo real, siguiendo sólo la voz de Víctor M. Díez y el martillo de Rodrigo Martínez: A-231 primero y N-234 después. Hortigüela, Salas de los Infantes, Hontoria del Pinar, San Leonardo, Navaleno, Soria. Nos acompañaron tormentas antes y después de la cita prevista para la tarde en el Teatro Palacio de la Audiencia. Vino y torreznos. El Duero abajo. Me acerqué a la orilla en la mañana mientras votaban: Fuente de la Paciencia, Lavadero de Lanas, Ermita de San Saturio… hasta la curva de la Ballesta por donde el río tuerce. Después, más que erguido el sol, continuó la ruta hacia Aranda con el olor del agua siempre bajo las mascarillas. N-122: Calatañazor, El Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz, La Vid… Corzos y viñas. Segunda representación y despedidas con vino y oreja. En la noche alguien envió un mensaje impertinente: «a ver quién mete a los fascistas en casa hoy…». Pero a la mañana siguiente, aunque la radio nos devolviera poco a poco a la vida cotidiana, el Duero todavía estaba allí. Inevitablemente de nuevo hacia el Oeste: Nava de Roa, Peñafiel, Padilla de Duero (junto a Pintia)… Y supimos entonces que el escrutinio arrojaba ruidos de jarana y de luto, entronizaciones y retiradas, nada nuevo en ese mundo real del que nos habíamos apartado durante dos días y dos noches abrazando al río. El más literario de los ríos de España, como lo calificó Ernesto Escapa en uno de sus libros: «el Duero cruza el corazón de roble de Iberia y de Castilla». ¿Hasta dónde es posible zafarse de las miserias morales y políticas? ¿Nos es lícito hacerlo? Sí, hay un exilio elegido en esa huida y por lo tanto hay también una concesión al imperio que nos abruma. Una rendición. Hacia Oporto arrastra el Duero nuestras contradicciones, pero también nuestros malos humores. A las diez y veinte de la noche del tercer día León dormía bajo el toque de queda y un afluente minúsculo aportaba caudal al río-madre. Me acogió un beso entonces.
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