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Dragón

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OPINIóN IR

12/09/2021 A A
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Dragón
Llega ahora el dragón. En medio de la reescritura de la historia y de sus aspectos más legendarios a gusto de consumidor, alguien ha tenido la ocurrencia de reconocer en ese animal fabuloso el trasunto del virus maligno y, claro, en el santo que lo combate, en su origen para salvar no se sabe si a una doncella o a un reino, a quienes han hecho frente a la amenaza de la enfermedad. Unido esto a la disneylandización progresiva así de nuestros entornos urbanos como de quienes los habitan, la materialización del capricho se convertirá pronto en otra escultura infame más que tendremos que soportar.

Sucede esto en la ciudad de León. Podría ocurrir en cualquier otra porque el mal gusto no tiene fronteras, aunque –reconozcámoslo también– por fortuna las hay con más estilo. O debiéramos decir que son sus gobernantes quienes tienen mal gusto o buen estilo, pues al cabo nada se lleva a efecto sin su beneplácito. En el caso y en el territorio que nos ocupan, de lo primero hay para exportar: tanto da cabezas de leones que marquesinas ‘in’ para terrazas vip. No es una pandemia, es una plaga.

Pero en lo que aquí nos trae, al mal gusto estético se suma el significado que una vez más se nos cuela de soslayo: la exaltación del caballero, del soldado, del mártir y del santo, todo ello muy bonito para cruzados medievales, pero anacrónico para los tiempos afganos en que malvivimos. O quizá sea precisamente una señal de esos tiempos dicha medievalización. No deja de ser curioso, si no fuera por la ideología que se oculta detrás, que aparezcan como impulsores de esa vergüenza tanto el Colegio de Médicos como el de Enfermería, instituciones también bastante trasnochadas, y que, como decimos, el Ayuntamiento aplauda con las orejas porque todo le vale sin más reflexión. El caso es llenar la ciudad de telares.

En fin, es hora de defender el honor del dragón frente a esa épica pueril y reconocernos en un ser que históricamente ha sido siempre más presa que cazador. Como la mayoría de nosotros.
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