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Dos rutas y un destino

Dos rutas y un destino

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Abel Aparicio | 15/11/2020 A A
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Dos rutas y un destino
LNC Domingo El poeta y novelista Abel Aparicio, que acaba de publicar el libro de relatos ‘¿Dónde está nuestro pan?’, recorre en bicicleta los 200 km del Camino Lebaniego y la Ruta Vadiniense, desde San Vicente de la Barquera hasta Mansilla de las Mulas, dos rutas y un destino
Se puede ser creyente (con fe e imaginación) o no, pero la mejor forma de recorrer grandes distancias en este país, o al menos una de ellas, es a través de las rutas Jacobeas. En San Vicente de la Barquera (Cantabria) se plantean dos opciones: continuar hacia Santiago por el conocido como Camino del Norte o desviarse hasta el Monasterio de Santo Toribio de Liébana y de ahí hasta Mansilla de las Mulas (León) para enlazar con el conocido como Camino Francés. Esta fue la elección tomada por un buen amigo, Iván Diez, y un servidor. La experiencia no pudo ser mejor.

La distancia que separa San Vicente de la Barquera de Mansilla de las Mulas es de doscientos kilómetros. La costa Cantábrica, un desfiladero, los Picos de Europa, un atentado contra la naturaleza, un tren minero, una rica vega y una villa que alberga, entre otras cosas, un museo etnográfico y es cruce de caminos, son algunos de los puntos que encontraremos en esta expedición. El recorrido está formado por los conocidos como Camino Lebaniego y la Ruta Vadiniense.

1. San Vicente de la Barquera

Un viernes de principios de agosto, después de comer un buen marmitako de atún -mientras veíamos llover a cántaros - en San Vicente de la Barquera, nos subimos a nuestras bicicletas de montaña y cogimos la carretera que lleva a Potes. Durante este recorrido pudimos disfrutar del desfiladero de la Hermida, el más grande de España. Sus veintiún kilómetros hacen de esta carretera un marco incomparable, algo peligroso para ir en bicicleta, eso sí. Por suerte para los ciclistas, parece que los conductores van tomando conciencia de que no van solos por la carretera, aunque siempre queda algún imprudente. El trazado del Camino Lebaniego no transcurre exactamente por el desfiladero, pero entendimos que seguir el trazado marcado para caminantes yendo en bicicleta de montaña no era lo más aconsejable.

2. Desfiladero de la Hermida

La llegada a Potes no me defraudó. Hacía más de diez años que no visitaba esta villa y el recuerdo que tenía se asimilaba bastante. Después de ir al albergue de peregrinos y descansar, recorrimos sus calles y rincones principales. Potes es atravesada por el río Deba, el mismo que formó el desfiladero de la Hermida y que nos acompañará en la jornada siguiente hasta Fuente Dé, lugar de su nacimiento. La cena vino acompañada de algún chupito de orujo, típicos en la zona. En casi todas las tiendas de Potes se encuentra una gran variedad de ellos. La opción de no probarlos, con Iván, era descartable. Después de una nueva vuelta por la villa, tocaba ir al albergue a descansar, la etapa del día siguiente era dura.

3. Potes

Al despertarnos ya es escuchaba el bullicio en la calle. Nos desperezamos, preparamos las alforjas y fuimos a desayunar un buen sobao pasiego. Hay sobaos que tienen un olor y un sabor que los hacen insustituibles. Con un lento pedalear llegamos al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, punto final del Camino Lebaniego. En este templo, según la tradición, se encuentra El Lignum Crucis, “madera de la cruz” de Jesucristo, que fue traído al monasterio, junto a los restos del Obispo Santo Toribio de Astorga, en la Edad Media. El Lignum Crucis es de una especie de árbol de palestina y data de la época de Jesucristo, según el carbono 14. El último Año Santo Jubilar Lebaniego tuvo lugar en 2017. Esto ocurre cuando el día de Santo Toribio, 16 de abril, cae en domingo. En 2023 se celebrará el siguiente, virus mediante. Foto de rigor y seguimos rumbo a Fuente Dé, punto de encuentro de decenas de veraneantes que hacen largas colas para subir a su teleférico.

4. Santo Toribio de Liébana

Desde Fuente Dé y por una pista ancha, con unas vistas que te obligan a parar cada poco para disfrutar del paisaje y olvidarte de las prisas. No me canso de recomendar el libro La virtud de la Montaña, de Pablo Batalla. Soy de los que opinan que la montaña es para disfrutarla, no para ser aún más esclavo del reloj. Los Picos de Europa hay que saborearlos, no atragantarse con ellos. Tras algo más de once kilómetros de subida llegamos al puerto de Pandetrave, donde una parada para descansar y hacer alguna foto era necesario. A la derecha, la carretera conduce a Valdeón. Visitar Posada y realizar la ruta del Cares es algo que recomiendo al menos una vez en la vida. Nosotros tomamos la dirección opuesta, a Portilla y Villafrea, ambas de la Reina, donde nos alojamos en esta segunda etapa.

5. Subida a Pandetrave

En el albergue Venta de Eslonza nos duchamos y descansamos mientras caía una fuerte tormenta. Ver llover desde una ventana es algo que me trasmite tranquilidad y me trasporta a la infancia, que, según dicen, es la patria de cada uno. Concluido el aguacero, dimos un pequeño paseo por Villafrea guiados por un buen anfitrión e hijo de este pueblo, David. A la cena en el albergue se sumó María, su pareja, y los cuatro disfrutamos de unos platos deliciosos en el restaurante del albergue. Acabada la cena, Iván y yo nos fuimos a descansar y los compañeros de mesa a Puente Almuhey, ya que eran las fiestas. Iván se sintió tentado, pero finalmente decidió descansar. Esta vida está llena de sacrificios.

La mañana del domingo amaneció soleada. Desayuno y pedal  a pedal llegamos a lo que muchos consideramos un atentado contra la naturaleza, el pantano de Riaño. El documental Mi valle (Lores Espinosa, Mario Santos, 2017) es una obra imprescindible para entender el despropósito de lo ocurrido en el valle de Riaño.  La pleitesía ante las grandes eléctricas desde el dictador fascista Francisco Franco, pasando por Martín Villa, Adolfo Suárez y Felipe González es algo que se repite (hasta nuestros días) en España. Se dijo que se hacía para regar el sur de la provincia leonesa, pero treinta años después, el agua sigue sin llegar.

6. Riaño

Atravesamos el nuevo Riaño, visitando la Plaza de los pueblos, en la que una columna recuerda el nombre de cada uno de los pueblos sepultados por el pantano, a saber: Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, Pedrosa del Rey, La Puerta, Riaño, Salio y Vegacerneja. Saliendo de Riaño cruzamos el puente sobre el pantano y después de pasar por Carande y  Horcadas nos encontramos con el muro de la vergüenza.

Con un pedaleo constante pero tranquilo vamos atravesando diversos pueblos. A nuestra izquierda un cartel nos indica la existencia de una calzada romana, cuyos restos nos acercamos a conocer durante varios kilómetros.

7. Calzada romana

Al fondo ya empezamos a ver una de las peñas más nombradas de León, me refiero a Peñacorada (1832 m.). Antes de entrar en la villa de Cistierna, un cartel nos indica que si queremos girar a la derecha podemos visitar el Museo de la Siderurgia y de la Minería de Sabero, una cuenca minera que describió magistralmente Julio Llamazares en su libro Escenas de cine mudo en el año 1993. Cistierna nos recibe con su Plaza del Ayuntamiento vestida de domingo y con el pitido del Tren del Hullero o Tren de la Robla anunciando su entrada en la estación. Sobre este tren escribieron, entre otros, Julio Llamazares, Juan Pedro Aparicio y Antonio Gamoneda. Este último, en uno de sus versos, nos dice que es un tren de campesinos viejos y mineros jóvenes. A día de hoy es un nexo de unión imprescindible entre estos pueblos y la capital leonesa o Guardo. A la sombra de uno de los bancos de la plaza aprovechamos para arreglar un pinchazo y posteriormente nos dirigimos a una para tomar algo. En Cistierna se encuentra la sede de la Asociación Ruta Vadiniense, que cuenta con un albergue municipal en la Calle San Guillermo, patrón de la villa. En este albergue el año pasado pernoctaron más de setecientas personas y contando con las que no se detuvieron, que suelen ser los ciclistas como es nuestro caso, se calcula que unas mil personas hacen este camino al año.

8. Cistierna

Salimos de Cistierna y tras cruzar Sorriba, Vidanes y Villapadierna entramos en los pueblos apellidados de Rueda. Uno de ellos es Sahechores, que cuenta con una quesería tradicional. En Sahechores sale una carretera a la izquierda que nos llevaría a Almanza, pueblo regado por el río Cea y que cuenta con un importante conjunto histórico. Nuestro camino, sin embargo, nos lleva a la derecha, al Monasterio de Santa María de Gradefes, fundado en el año 1164. Gradefes ofrece varios servicios a los peregrinos, entre los que destaca su albergue. A menos de diez kilómetros de Gradefes se encuentra San Miguel de Escalada, cuyo monasterio está considerado como una de las joyas del románico leonés.
Sobre las cuatro de la tarde hicimos la entrada en Mansilla, pueblo en el que finaliza esta ruta para enlazar con el Camino Francés. El bullir de peregrinos que llenaban los bares y las calles de Mansilla hizo que nos afirmáramos en nuestra idea de hacer una ruta mucho menos masificada.

9. Mansilla de las Mulas

En esta villa, Iván y yo nos despedimos con la intención de repetir en años sucesivos la aventura de conocer nuevos caminos. Mientras pedaleaba por Mansilla pensaba en Antonio Manuel Fernández Morala, mansillés y una de las mejores personas que conozco. Toño es autor, entre otros, de un libro de reciente publicación y que lleva por título Aquella vida (La Nueva Crónica, 2020).

Este viaje formado por el Camino Lebaniego y la Ruta Vadiniense me sirvió para conocer más a fondo una zona cargada de historia, de paisaje y de paisanaje. Konstantín Kavifis dejó escrito que nunca perdiéramos de vista a Ítaca, pero que recordáramos que lo importante no es solo llegar, sino todo lo que aprendemos por el camino. Tenía razón.
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