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Divinos comediantes: Dante Alighieri

Divinos comediantes: Dante Alighieri

PECADOS CAPITALES IR

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Sara Levesque | 06/07/2021 A A
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Divinos comediantes: Dante Alighieri
Pecados capitales Primera entrega de la sección Pecados Capitales que se publicará cada martes en nuestras páginas de LNC Verano
Hay una brecha que se produce en el amor y te obliga a pasar por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso desde la tierra, en una eterna y divina comedia.

Pecamos en una incesante y mal dirigida búsqueda del amor. Sin él, nada tiene sentido. Sin él, la vida no tiene objeto.

Los siete pecados capitales no son sino vicios del amor mal dirigido, del amor denegado.

La envidia es el triste deseo del amor ajeno.

La gula y la avaricia buscan ese anhelado amor en lo material, saciando su sed de amor artificial.

A la pereza le sobra amar, ama lento, ama a deshora, nunca llega a tiempo.

La ira no es capaz de sentir amor. Le rebosa el corazón de frustración.

La soberbia se ama a sí mismo con más ego que pasión.

Así, la Comedia de Dante se convierte en una alegoría, en un viaje interior estructurado en cien cantos, en tres círculos que culminan en el Paraíso, donde habita el amor en todas sus variantes filosóficas: amor terrenal, amor al conocimiento, amor a Dios.

«Amor me inspira», confiesa Dante, el poeta; «amor que riges los cielos, y que me sublimaste en tu esplendor» (canto I).

Beatriz encarna la materialización de ese amor místico, sublime, libre de las ataduras del deseo y nexo de unión entre la Tierra y el Paraíso… lo que le da sentido a todo.

Y ello, a pesar del escaso conocimiento que el poeta tuvo de su amada, a la que vio muy pocas veces en su vida, con quien no cruzó una sola palabra salvo apenas un saludo, que se casó con otro y que murió en la flor de la vida con veintidós años, relegando a Dante a sufrir las consecuencias de su decisión, cargando con la pureza de su amor por ella en solitario.

Dejó escrito Julio Cortázar que ni Dante ni Romeo podían elegir a Beatriz ni Julieta, porque «Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos».

Esa lluvia, esa llama ardiente, es el final del camino, el paraíso anhelado, el vellocino de oro, la solución al enigma de la vida.

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