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Disfrazar la muerte

Disfrazar la muerte

OPINIóN IR

03/11/2015 A A
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Disfrazar la muerte
Algunos recordamos perfectamente aquella época en la que la gente nacía y moría en casa. Allí mismo se instalaba la capilla ardiente, todo el pueblo asistía al rezo del rosario en casa del difunto, y se acudía a la casa a buscar al muerto, que sería llevado a hombros tanto a la iglesia como al cementerio. La misa de réquiem le daba una especial solemnidad. El ataúd era colocado en la fosa y se oían los golpes de la tierra que con unas palas iban arrojando a la tumba amigos o familiares. Las mujeres más allegadas se vestían de negro riguroso y los hombres también mostraban sus correspondientes signos de luto. En los entierros participaba todo el mundo, niños, jóvenes y mayores. Incluso los nueve días posteriores se acudía a rezar la novena en la casa del muerto. En diversos momentos del día las campanas sonaban para anunciar o recordar la muerte.

Ahora casi todo esto es historia pasada. Se muere en el hospital y una empresa se encarga de llevar el muerto al tanatorio y más tarde a la iglesia y al cementerio donde ya no se ve la tierra ni se oyen sus golpes. En algunos casos se lleva el cadáver directamente al crematorio y, sin ninguna ceremonia religiosa, se esparcen las cenizas en los más diversos parajes. Los niños y los jóvenes (a no ser que se trate de un compañero) ya no hacen acto de presencia en los entierros, como para no enterarse de que existe la muerte.

La muerte se ha convertido así en un tema tabú. Y si podía haber algún día, como el de Todos los Santos o el de los Fieles difuntos, en que sería más fácil tener presente el tema de la muerte, ahora han inventado la fiesta de las brujas y las calabazas, el Halloween, y así los niños se distraen en otra cosa que no tiene nada que ver.

Eso sí, si ocurre una desgracia y es inevitable que se enteren, entonces habrá que llamar a los psicólogos.

Ciertamente eso de estar preparados para cuando llegue la muerte, y después de la muerte el juicio, se entiende que tampoco tiene razón de ser, ni tampoco el estar en gracia de Dios. Probablemente más de uno llegará a pensar que ni siquiera va a morir alguna vez.
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