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Diecinueve días, perdón, grados...

Diecinueve días, perdón, grados...

OPINIóN IR

04/08/2022 A A
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Diecinueve días, perdón, grados...
En Tolibia de Abajo vivían y regentaban un bar los hermanos Carpo y Carmina. Además del bar, tenían siete u ocho vacas dignas de una exposición universal. Se entraba al local atravesando el patio, (donde estaba el muladar), y la puerta de la cuadra y la del bar eran contiguas. En una habitación estaba la barra, con dos mesas y unas pocas sillas. En la de al lado, el comedor, con cuatro mesas o cinco. Las dos juntas eran más pequeñas que la cocina, que estaba a continuación. Por fin, un baño diminuto completaba el establecimiento. Se comía muy bien, porque Carmina bordaba los guisos, las tortillas y la sartén, dónde cocinaba unos filetes espectaculares. Como Carpo era montañés por los cuatro costados, miraba mucho el sestercio y no había ni una mala estufa donde calentarse. Si llegabas y no había nadie, (que entre semana era lo más normal), lo más seguro es que comieses en la cocina, en una mesa enorme, de madera maciza, con ellos las más de las veces. Y, lo más importante, con la ‘bilbaina’ consumiendo leña y carbón a todo trapo.

Quiero decir que Carpo fue un adelantado a su tiempo y puso en práctica mucho antes de que lo pensasen Sánchez y los capos de la Unión Europea eso de tener el local a no más de diecinueve grados de temperatura. Uno, como está acostumbrado desde siempre, no se enfadará cuando acuda a llenar la panza a cualquier restaurante de esta provincia, donde el invierno, para los que no lo sepan, nunca lo come el lobo. Me encantará estar presente cuando lleguen cuatro madrileños a comer en el Madrid, en Puebla de Lillo, o en el Ferroviario de Cistierna un día cualquiera de enero, cuando en la calle el termómetro marque dos o tres grados de temperatura, y el dueño, muy atento él, les dé al sentarse una manta del Val de San Lorenzo para que no mueran ateridos de frío mientras zampan.

No, no soy solidario. Me la suda que los alemanes las vayan a pasar más putas que en vendimia este invierno. Se lo merecen, por macacos. Por esta postura mía, no comprendo porque nosotros, los gochos del sur, tenemos que ahorrar energía. Esto es como cuando los gallos de la calle Cantarranas de Vegas, en los años de hierro de la posguerra, saludaban al día cantando: el del tío Regino, que era el primero, gritaba, «¡Miserias!», al que respondía el del tío Alejandro, «¡Bastantes!», y remataba el del tío Bartolo, (que era el más digno y el que pasaba más hambre de los tres), «¡Joderos!». Pues así nos ocurre a nosotros con los alemanes, con los austriacos o con los holandeses: somos los que la pasaremos peor, pero, al mismo tiempo, también seremos los que lo llevarán con más dignidad. Los pobres, en todas las culturas y en todas las épocas, son mucho más dignos que los ricos.

Lo que más me jode es que actuemos como el perro de los discos ‘la voz de su amo’, diciendo a todo amén. Nosotros, que no tenemos ninguna cuita pendiente con Putin, deberíamos estar viendo la guerra de Ucrania como los invitados de Florentino al Bernabéu: en el palco ‘Vip’, fumándonos un puro por su sitio y bebiendo un güisqui con una gachí imponente a nuestra derecha y otra más imponente todavía, a la izquierda. ¿Qué, se matan?, pues peor para ellos, ¡quién los manda! Estos orientales siempre han estado un poco mal de la cabeza y por sus hechos los conoceréis, que decía el Señor. Cuando le tocas mucho rato los cojones al Putin, pues se cabrea, ¡cómo no se va a cabrear!

Y como es el amo del gas, que para eso tiene, según los yanquis, la mayor gasolinera del mundo, pues se enfada, como los niños chicos, y no nos deja tocar sus juguetes. Pues, ¡hala!, a pasar frío todo Dios, incluidos nosotros, pobres cuitados, que no le comprábamos casi nada. Es para reír un rato grande con lo de Sánchez: este último mes, hemos aumentado las importaciones de gas ruso un ¡cuarenta por ciento! Debemos ser los únicos de todos los ‘aliados’ que lo han hecho, cuando, en teoría, está prohibidísimo. Todo por mandar a la mierda a un dictador del norte de África para llevarnos mejor con otro dictador, peor aún, vecino suyo.

Estamos viviendo en país de pandereta, en una república bananera del Caribe trasladada a Europa. Lo del giro en las relaciones con Argelia no lo entiende nadie, ni siquiera los socios habituales del Presidente del Gobierno. Vamos a ver: hace mucho tiempo que dejamos de la mano de dios a los saharianos, pero Argelia era nuestro principal proveedor de petróleo y de gas. Con la que está cayendo, sólo se nos ocurre a los Quijotes, o sea, a los españoles, agraviar a los argelinos por no se sabe que beneficios que sacaremos de Marruecos. Es flipante...

Pues lo dicho: cuando vayáis a cenar este invierno a cualquier restaurante leones, poneros debajo unos ‘marianos’ y una camiseta térmica. Además, que no se olvide un abrigo de explorador polar, como los de las películas. Estaréis contribuyendo a joder un poco más a Putin, eso dicen, que es el único culpable de las cosas malas que suceden en el mundo mundial. ¡Ay, señor!, dame paciencia... Salud y anarquía.
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