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Desbarajuste ferroviario

Desbarajuste ferroviario

OPINIóN IR

14/02/2020 A A
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Desbarajuste ferroviario
En esto del tren llevamos una temporada de aúpa, con idas, venidas, anuncios y desmentidos, sin contar los años, más bien lustros, de más o menos lo mismo.

Primero, y mira que llovió, íbamos a tener «alta velocidad» (léase trenes AVE, previstos para 2008), después que no, que sería «velocidad alta» (lo que luego han sido los trenes Alvia).

Además éramos ricos riquísimos, así que, íbamos a hacer un soterramiento como Dios manda, desde ‘allá asta acuyá’, fallido posiblemente por cumplir esa máxima de que lo mejor es enemigo de lo bueno, aunque finalmente resuelto con una solución razonable… para un pueblo, que para Barcelona sería, y ha sido, atravesar toda la ciudad pasando al ladito mismo de la Sagrada Familia, con el riesgo que eso implica, riesgo que siempre se arregla con más dinero.

Pero bueno, al menos tenemos un espacio recuperado en la antigua estación y casi, casi, a punto de terminar.

Claro que, como no hay manera de completar algo, ahora resulta que el paso de la vía hacia Asturias no cumple el gálivo, léase altura en el paso, al lado del supermercado Lidl de Trobajo.

Y la estación, que iba a ser provisional, por aquello de que, como es habitual en este país, lo provisional es, finalmente, lo más definitivo.

Y de todo aquél planteamiento, con un centro comercial sobre el Bernesga en el puente prolongación de la calle Lancia, las tropecientas viviendas que lo financiarían todo, así como los hoteles complementarios para el Palacio de Congresos, ‘ná de ná’.

Del Palacio de Congresos, mejor no hablar y dejar que descanse en paz.

Y el centro de mando de la alta velocidad a ubicar en el edificio próximo al Pabellón de Exposiciones, construido está, pero del mando…

Por el medio y ya más en proximidad, la doble vía se quedó en simple vía, aunque hay que reconocer que con el número de trenes que operan es suficiente, al menos hoy por hoy. Habrá que esperar la extensión a Asturias, y, entonces, quizás, a lo mejor, puede ser, que recuperemos la vía perdida, Dios mediante se termine de aclarar qué pasa con los túneles de Pajares con sus goteras (por definirlas benévolamente) y su drenaje de las aguas de todos los pueblos de alrededor.

Lo cual no quita para que así, como el que no quiere la cosa, nos anunciaran que los dos únicos AVE de verdad que nos conectaban con Madrid, se retiraban para reparaciones, reestructuraciones o algo así, supongo que, con la secreta esperanza de que, si no había demasiado revuelo, esa situación provisional, como la estación, se hiciera definitiva. Claro que, como sí que hubo revuelo, inmediatamente volvieron a sus horarios habituales.

Más o menos al tiempo se eliminaron las ventas de billetes en ventanilla en unas cuantas estaciones, aunque, como no, parcialmente al menos, algunas, en menos que canta un gallo, se restituyeron a su ser natural.

Mientras, los Talleres de Renfe, los que eran la repera en los tiempos que parecen de Maricastaña, pero que no lo son tanto, languidecen donde siempre estuvieron, mientras Valladolid, en el horizonte, acecha como futuro de los mismos.

Torneros se mantiene en el limbo y el apartadero de Villadangos sigue en el papel, dos actuaciones que serían importantísimas para el Corredor Atlántico, ese que vertebraría el transporte de mercancías por el noroeste, sí, claro, se implantara definitivamente por el medio de esta provincia y no por el sur hasta el norte de Portugal, como algunos pretenden.

¿Y qué más?

¡Ah, Feve! La promesa eterna de la integración y el tranvía. Qué voy a decir que ya no haya dicho. La promesa sigue, pero, como decía el catecismo del Padre Astete: «¿Qué es fe? Fe es creer lo que no vimos». Ni veremos.

En fin, quién nos ha visto y quién nos ve. León, nudo de comunicaciones ferroviarias, cabecera de la 7ª Zona de Renfe, de todo el Noroeste por situación geográfica y porque esta era una provincia pujante. Quién nos lo iba a decir.

Es verdad que no vale la pena llorar sobre la leche derramada, pero es que, además, ya no nos quedan lágrimas, por mucho que algún político diga en Valladolid.
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