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Dependientes: el oficio de las sonrisas

Dependientes: el oficio de las sonrisas

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Toño Morala | 22/04/2019 A A
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Dependientes: el oficio de las sonrisas
Reportajes Los dependientes de comercios tradicionales, grandes especialistas detrás del mostrador, pues muchas veces su vida laboral se desarrollaba en el mismo negocio
La de sonrisas que vendían en los comercios y tiendas, pero la observación de la vida, también ayuda. Vivir prácticamente en la calle, tanto en la ciudad como en el pueblo; con el paso del tiempo y esos años transcurridos sin apenas uno darse cuenta, y sin apenas darle importancia a muchas cosas… para luego y, después de lo aprendido y vivido por esas tierras de la vida, pues le dan a uno una perspectiva muy diferente y muy solapada, a veces, del cómo se salió de aquella durísima posguerra que duró hasta bien entrados los años sesenta… Y aquí entra el tema que hoy nos ocupa; mientras muchos chavales iban a los seminarios y conventos, las adolescentes, menos, pues las dejaban para cuidar a los mayores y para casarse pronto y juntar alguna tierra de labor, y procrear para la necesaria mano de obra que por aquellos años se necesitaba al albor de la pequeña ‘revolución’ industrial a posteriori. Pero los que no teníamos posibles para estudiar… a trabajar; eso sí, íbamos en pantalón corto y de aprendices para múltiples tiendas, comercios, talleres, fábricas… pero hoy vamos a escribir sobre los dependientes, tanto mujeres como hombres, y en variadas tiendas de todo tipo; desde tiendas de ultramarinos finos y con gato siempre vigilante, hasta aquellos primeros almacenes grandes que vendían de casi todo, y donde, en el caso de ropa y textiles, muchas mujeres trabajaron. El que les escribe, entre otros trabajos, también fue aprendiz de dependiente de ferretería… y siempre sonriendo y con el plumero en la mano, repasando el poco polvo de los mostradores, muestrarios y todo aquel mundo de cachivaches para las cocinas, desde baterías esmaltadas para cocinar, hasta coladores y mangas para el café de puchero, pasando por las gomas de las cafeteras italianas, y todo aquello que se puedan imaginar. Los dependientes… y los jefes siempre con la norma en la cabeza, cuando no había clientela, nos iban enseñando varias formas de atender correctamente a la gente… y casi siempre terminaban con lo mismo: - ¡El cliente siempre tiene la razón, y siempre con una sonrisa en la boca…! Y no había más, el resto era colocar el género, contarlo, y esperar que entrara por la puerta la tan ansiada clientela, y allí les recibíamos con la sonrisa, el guardapolvo de color azul o gris, dependía de la clase de tienda, otros eran de color blanco u otros colores; los encargados y jefes vestían de diferente manera, se hacían notar de quién mandaba y daban las órdenes sonriendo al cliente, y con una cara de mala leche cuando se volvían para mandarte. Así era el comercio en líneas generales; obviamente, jamás se puede generalizar.

A los jefes siempre se les trataba de usted, y a los encargados, entre los dependientes y los aprendices, la cosa era más liviana  La imagen era más o menos igual en todos los comercios, almacenes, tiendas… aparte de los dependientes y aprendices, también andaban por allí los escaparatistas; allí les veías cambiando las cosas descalzos y con mucho cuidado de no romper o descolocar otros géneros. A los jefes siempre se les trataba de usted, así como a los encargados, entre los dependientes y los aprendices, la cosa era más liviana. Así y todo, las broncas eran casi constantes; pero eso sí, cuando no había gente en las tiendas. Te retailaban por casi todo… y como te confundieras en una medida, para ti tenías. Pero también hay que comentar que había muchos jefes que eran unas buenas personas y te enseñaban con educación y sonriendo, así como en las Navidades te regalaban la famosa cesta con cuatro cosinas para que la madre se pusiera contenta y tuviéramos algo de turrón y otras cosinas. Hubo un tiempo, que casi todos los chavales del barrio trabajábamos en tiendas y almacenes de dependientes, otros iban para la escuela de formación profesional de algunas empresas, esos libraron mejor la vida. Pero los dependientes, tela. Recuerda uno, a muchos de este gremio, que llevaban años en el mismo comercio, incluso muchos habían entrado de casi niños y se jubilaban en el mismo trabajo durante toda su vida laboral. Yo he conocido, por ejemplo, al gran Antonio Cortijo, que trabajó en una zapatería de León durante muchísimos años, qué gran persona, qué gran dependiente, y qué gran poeta… me consta.

Reglamento puro… «El dependiente debe conocer las formas básicas de pago y el funcionamiento de las cajas. Según el tipo de establecimiento, el dependiente desarrollará diferentes funciones: En un establecimiento de moda, asesorará al cliente sobre el tipo de prenda más adecuada a sus características, así como la talla más adecuada a su altura y envergadura. Ayuda a escoger el tipo de prenda de acuerdo con el estilo deseado. Cuando se la ha probado, opina sobre su aspecto general y sobre la idoneidad del tamaño seleccionado. En caso de no ajustar correctamente, proporciona otra prenda de diferente talla. Asesora sobre los complementos que mejor combinan con el conjunto. Asimismo, realiza operaciones para la modificación de la prenda como coger el dobladillo con alfileres o marcar el talle de los pantalones con jaboncillo. En una zapatería, el dependiente ayuda al cliente a probarse los zapatos y le aconseja sobre la talla más adecuada a su tamaño de pie. Cuando se los prueba, le pregunta sobre su correcto ajuste y le proporciona otra talla si no es así, como también asesora sobre el cuidado del calzado. En una librería, aconseja al comprador sobre los títulos y autores existentes y toma encargos para la compra de libros no disponibles en tienda. También ayuda a colocar libros en las estanterías y ordenarlos. En una tienda de cosmética o en la correspondiente sección en unos grandes almacenes, la dependienta realiza demostraciones físicas sobre las diversas aplicaciones de los productos que tiene a la venta. Asimismo, aconseja sobre el tipo de maquillaje, cremas o pintalabios más adecuado al color de piel y forma de la cara de la clienta. También puede realizar mezclas de diferentes productos para obtener los tonos deseados… no me sean pícaros, ni mal pensados… El dependiente de ferretería aconseja a sus clientes sobre los útiles más adecuados para el tipo de trabajo que quiere realizar. Informa sobre herramientas y sus complementos, tamaños, características, utilidades y si es necesario, hace demostraciones físicas sobre su uso. En una tienda de animales, el dependiente debe estar al tanto sobre los cuidados requeridos para cada una de las mascotas. Asesora sobre los productos alimenticios adecuados a cada uno, así como tratamientos y accesorios para el animal como cepillos, ropa, collares, etc».

Uno de los manuales antiguos al respecto, rezaba así, entre otras cosinas: «Prepara los productos y los empaqueta de forma rápida y precisa, de la forma adecuada, teniendo en cuenta el estilo y la imagen que pretende transmitir el establecimiento. Utiliza los materiales pertinentes y sigue las normas de higiene vigentes para asegurar su protección física. Cierra la venta y asegura el cobro introduciendo de forma precisa y rápida el precio en la registradora. Vigila discretamente los posibles hurtos y la manipulación perjudicial de los productos del establecimiento. Atiende las reclamaciones y las transmite a su superior jerárquico. Detecta las necesidades de abastecimiento en función de las ventas efectuadas para la actualización permanente de las existencias. Comprueba las ventas realizadas en un período de tiempo a través de los bonos de venta o el apunte manual en la libreta de pedidos…». Y más cosinas… Dominar el lenguaje corporal. Un lenguaje verbal adecuado no es el que refleja apatía ni cansancio, incluso cuando el dependiente no atiende a nadie. Si no mantiene una actitud física energética y serena, al consumidor le costará más acercarse. Sonreír, es uno de los elementos más importantes que debe manejar el dependiente y, posiblemente, el rasgo corporal determinante. Indica al consumidor que el vendedor es de confianza, empático y que cuidará de sus intereses. Esto significa que, por extensión, también lo hará la marca. No olvidemos que el dependiente es un representante de una firma y es identificado con ella, de ahí su responsabilidad. Ser amable. Este es un valor fundamental en todo vendedor y es algo que se respira cuando entramos en una tienda. Tener un tono de voz adecuado. Importa lo que un vendedor dice y la forma en la que lo hace. No tiene que ser estridente ni agresivo, sino utilizar un tono amable para transmitir respeto y confianza. Y aquí lo dejamos, seguro que habrá miles de cosas más… y recuerden, siempre, siempre, con una gran sonrisa eterna para la vida.
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