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Del gocho hasta los andares

Del gocho hasta los andares

OPINIóN IR

17/01/2022 A A
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Del gocho hasta los andares
«El 17 de enero, San Antonio, el patero» Como escribe Juan Gabriel Vásquez (Volver la vista atrás) «La historia…aparece cuando menos se la espera. Parece como si jugara con nosotros». Y la historia de hoy, 17 de enero, siempre será para el cronista, aquel niño de la ruralidad ahora vacía, el día de celebrar a San Antonio, el del gocho, cuya imagen presidía el altar de la izquierda del ábside de la iglesia del pueblo, y al que se le llevaban en ofrenda las primeras piezas casi curadas por la helada de las recientísimas matanzas. Luego se vendía todo y lo recaudado se le entregaba al Sacerdote. ¡Para la Iglesia!

El gocho, puerco, gorrino, o cerdo, según el lugar, el de San Antonio Abad, para entendernos, era un animal totémico que presidía los honores de las cuadras y cubiles, y al que se alimentaba y se cuidaba sabiendo que iba a ser el principal sustento de la familia todo el año. Tanto era así, que en algunos lugares, a su guarida se la llamaba «la corte del gocho» y a su rey jamás se le injuriaba ni se le denigraba ni se tenía en menos su gruñido. Antes al contrario, se le dejaba vagar por el corral a sus anchas, entre las gallinas, los conejos, y los pavos, y muchos de sus amos se molestaban en ponerles un nombre y en enseñarles modas y modales. Claro que, en ese caso, llegada a hora del martirio, los tales tenían que ausentarse y dejar que los malos consumaran el sacrificio, mientras ellos lloriqueaban en la cantina.

Por estos días que corren de pandemia y desconcierto, ha saltado la noticia de que, por primera vez en la historia, se ha realizado un trasplante de corazón de cerdo en un humano y, por el momento, que se sepa, el tal continúa vivo. Y el cronista reivindica las primeras enseñanzas de su padre, cada invierno, a la hora de matar el cerdo. Lo había aprendido de su padre Jacinto de Villacidayo, y Jacinto lo había aprendido del suyo de Villanofar: Si quieres ver tu cuerpo, mata y «estaza» un puerco. Y, abierto en canal, como en un cuadro de los pintores holandeses, de su pesado vientre iban saliendo todos los órganos vitales: Esta es la bilis, esto es el hígado, estos los riñones, los pulmones son estos.

Bien es verdad que, hoy en día, y en vista de la polémica de las macrogranjas y todo eso, esta escena no sería muy bien vista por los progres que andan ‘ocicando’ en el tema. Pero, del gocho, hasta los andares. Sépanlo todos.
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