‘Decreto contra el 25%’ y ‘Los libros de texto’

‘Decreto contra el 25%’ y ‘Los libros de texto’

OPINIóN IR

23/06/2022 A A
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‘Decreto contra el 25%’ y ‘Los libros de texto’
La ministra de educación se ha visto metida estos días en dos «charcos que pueden traer cola». Se trata del nuevo decreto de la Generalitat para burlar el 25 por ciento de español y del adoctrinamiento en los libros de texto. Estos dos temas son importantes, pero no voy a perder mucho tiempo hablando del «primero» porque pienso que los políticos nos están tomando el pelo. Para no tener que aplicar la sentencia del 25 por ciento de castellano en los colegios catalanes, el Gobierno de la Generalitat saca de la chistera un decreto que sólo contempla el catalán como lengua vehicular y pretende blindar de cualquier responsabilidad a los centros educativos que no apliquen el porcentaje de enseñanza en castellano. Es una maniobra burda para evitar la aplicación de la sentencia y para defenderse de una posterior acusación por desobediencia o prevaricación. De este tema, aquí en Cataluña, donde estoy ahora, nadie habla. No interesa a nadie porque todos están tranquilos y seguros de que la sentencia no se cumplirá. Esto tampoco preocupa a la ministra que da largas a la Alta Inspección Educativa Española en Cataluña que, en realidad no sirve para nada más que homologar títulos extranjeros en España y títulos españoles en el resto del mundo, porque ni es alta, ni es inspección, ni es educativa, ni es española en Cataluña. Pilar Alegría guarda silencio ante la nueva trampa lingüística porque este tema sobrepasa sus competencias, ya que la política educativa catalana es muy útil como moneda de cambio en la mesa de negociaciones de Pedro Sánchez con Pere Aragonès, como ocurrió a la hora de aprobar los últimos presupuestos. En la calle los catalanes ‘pasan’ de este tema.

La ideologización de los libros de texto para el próximo curso sí está levantando ampollas. Algo muy grave ha tenido que ocurrir para que fuera destituido el secretario de Estado de Educación, Alejandro Tiana, «toda una institución en el ministerio». La edición de un libro de texto no necesita autorización previa, pero la legislación educativa sí permite a las autoridades administrativas una verificación a posteriori sobre su adecuación al currículo escolar. Ahora la ministra no se siente responsable del mantra izquierdista incluido en los libros de testo, con alabanzas a las políticas de Pedro Sánchez, será después, al conocer los informes PISA y al comprobar la degradación del sistema educativo español, cuando alguien tendrá que dar la cara.

La situación este año es muy complicada. Yo me pongo en lugar de las editoriales, de las librerías, de los profesores, e incluso, de los padres y alumnos. Recuerdo que, en mi experiencia de profesor, ya en el segundo trimestre comenzaba el desfile de representantes de todas las editoriales por los departamentos del instituto a ofertar y vender las novedades para el curso siguiente. Los profesores de cada seminario analizaban uno por uno todos los ejemplares y en una reunión se decidían por el mejor. Las listas de libros de texto de cada asignatura se hacían públicas en tablones de anuncios o páginas web para que todos los alumnos pudieran pedirlos en las librerías y llevarlos al aula el primer día de clase. Este curso, hasta el día uno de septiembre, ni siquiera las empresas editoriales están seguras de los currículos que pueden publicar. El inicio de curso será un caos. En este desbarajuste da la impresión de que todo vale. El periódico ABC ha publicado los avances de los libros de texto de diferentes asignaturas cuyo contenido está plagado de adoctrinamiento o propaganda del Gobierno. Increíble pero cierto, una verdadera alarma social. La lista de eslóganes, frases publicitarias o consignas partidistas es muy larga, pero sirva de ejemplo: «culpar a EE.UU. y no a Maduro del hambre y el éxodo en Venezuela»; «en la ley de eutanasia, que gracias a ella (y a Sánchez) se puede acceder al suicidio asistido»; «menciones a la ley de memoria democrática»; «¿Qué es una democracia plena?, apunta un apartado de un libro junto a la imagen del puño y la rosa, símbolo del PSOE, pidiendo el voto del presidente del Gobierno»; en Cataluña o el de País Vasco donde en páginas de los libros de historia de España se exalta el nacionalismo y la República. Es evidente que este descontrol debe ser revisado. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha dado un golpe sobre la mesa y parece que detrás de ella irán las autonomías populares. Isabel Díaz Ayuso anunció que revisará los libros de texto para evitar contenidos sectarios y cualquier atisbo de «ideologización». Ella ha indicado que ordenará a la inspección educativa que solicite la retirada de todos aquellos libros «que contengan material sectario». La supervisión de estos y otros materiales curriculares es competencia de las administraciones educativas que deben velar por el respeto a los principios y valores contenidos en la Constitución y lo dispuesto en la ley. Será una revisión «pormenorizada y urgente» de los contenidos a través de un plan especial que llevará a cabo el Servicio de Inspección Educativa autonómico con el objetivo de evitar «el adoctrinamiento» en las aulas a través de este material escolar. Tras realizar una inspección, y «en caso de observarse falta de adecuación a lo establecido en la Ley», se procederá a solicitar «aclaraciones o rectificaciones» a los responsables editoriales. El Ejecutivo regional madrileño defiende esta medida asegurando que «los libros de texto deben adaptarse al rigor científico, ser adecuados a las edades de los alumnos y al currículo», algo que no va a hacer el gobierno de la nación. Por último, Ayuso ha anunciado que su Gobierno va a solicitar al Ministerio de Educación una reunión urgente de la Conferencia sectorial de Educación ante el escándalo generado por los borradores de estos libros de texto y que solicitará amparo a las instituciones europeas por el menoscabo que supondrá para los alumnos este adoctrinamiento. Los borradores de los futuros libros de texto están provocando una «alarma social».
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