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Decreta y derechos civiles

Decreta y derechos civiles

OPINIóN IR

27/05/2021 A A
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Decreta y derechos civiles
Los Amigos de los Decreta convocan para el viernes a las seis de la tarde, en la plaza de San Isidoro, la lectura de los decretos de 1188. En aquella curia regia, que tuvo lugar en el palacio real -hoy San Isidoro- un jovencísimo rey se reunía con representantes de la nobleza, la iglesia y, por primera vez en Europa, de las ciudades. Aquella reunión ha sido reconocida por la Unesco como primer germen del parlamentarismo.

La curia de 1188 es una reunión de gobierno en una corona leonesa compleja, amplia y estructurada. Poco tiene que ver con esto las reuniones de Alpingi, en Islandia, que reivindican su antigüedad mayor (año 930). Las reuniones islandesas eran tribales, sus decisiones no afectaban al conjunto del territorio, carecían del equivalente a lo que entonces era un aparato estatal y funcionaban como los concejos leoneses, pero en un ámbito comarcal. Por esta razón tampoco reunían de forma regulada representantes de los distintos estamentos: nobleza, clero y ciudades. Mezclar los Alpingi con la curia regia de los Decreta es confundir las tribus con los reinos.

En este sentido los concejos leoneses representan la democracia viva más antigua de la península. Es probable que sus orígenes tengan que ver con el autogobierno de las aldeas en las áreas sin control que quedaron entre la marca andalusí (la frontera que fijó Córdoba a partir del año 750 en el Sistema Central) y la frontera asturiana, situada mucho más al norte. El reino leonés absorbió esos últimos espacios neutros en torno a 1075.

La tradición de autogobierno y comunalidad del concejo leonés no tiene parangón en otras instituciones locales. Los Decreta y el aparato regio que hay tras ellos, como conjunto, tampoco en otros lugares de Europa. Los Decreta tenían su precedente en el Fuero de León de 1017, donde el rey leonés reconoció derechos asombrosos para la época. Algo hace pensar que ese fuero no pudo llegar solo, de la mano de la nobleza y la iglesia. Los Decreta vinieron a confirmar esos principios, así como la participación de los ciudadanos en su elaboración.

Los Decreta nos muestran un Reino de León donde todo lo regía la ley: «Prohíbo que en mi reino se lleven a cabo reuniones tumultuarias y violentas para pedir, porque la justicia ante mí debe demandarse conforme a lo expuesto»; un ámbito que respeta la propiedad: «Dispuse que nadie debe atreverse a ocupar violentamente lo que estuviere en posesión de otro, ya sea mueble o inmueble»; y limita a la iglesia: «Prohíbo además que nadie que posea bienes por los que me paga foro, los entregue a ningún establecimiento eclesiástico». Los Decreta mueven al orgullo colectivo.
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