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De vestidos va la cosa

De vestidos va la cosa

OPINIóN IR

26/04/2021 A A
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De vestidos va la cosa
Es el refranero español uno de los tratados de sabiduría popular más recurrentes cuando a veces no encontramos la manera más apropiada por el contexto o políticamente correcta para decir las cosas. Usted mismo recurre en ocasiones a los refranes para legitimar una postura en el transcurso de una conversación o para zanjar una polémica porque sabe que su interlocutor le entenderá a la perfección. Para qué andar con rodeos.

Eso mismo me ocurrió a mí esta semana al hablar de un proyecto que se está gestando en La Bañeza y que viene a tapar otro plan anterior que se edificó sobre uno previo. Vamos, un lío en el que ya hace tiempo decidí no tomar partido por ninguna de las partes –todas ellas con sus propios intereses, legítimos o no opine usted lo que quiera– y que cada uno resuelva sus problemas aunque al final la derrama de la obra la vamos a pagar entre todos sea de la manera que sea.

Me estoy refiriendo a la idea de crear en La Bañeza un museo del carnaval sobre las cenizas de lo que fue el Museo de las Alhajas. Parece que de vestidos va la cosa, con algún que otro verso suelto haciendo de puente entre ambos y que irá a parar a la Casa de la Poesía, el otro museo que se proyecta en parte del céntrico inmueble donde estos diez últimos años se han exhibido joyas y ropas tradicionales y en un futuro sus vitrinas mostrarán disfraces.

La idea de tener un museo dedicado a la fiesta bañezana más emblemática y conocida fuera de sus fronteras no es mala, todo lo contrario; pero tal vez habría que empezar por eliminar drásticamente los ríos de alcohol esos días en las calles y, sobre todo, los disfraces que por diez euros hay en cualquier bazar chino. Incluso los trapos que hasta para correr el carnaval son un atuendo indigno, pero el que los lleva lo hace convencido de que eso es lo auténtico.

Se me acaba el espacio, le hacía referencia al refranero al inicio de la columna y aún no le he dicho que el refrán que me sirve para resumir todo este lío. «Desnudar a un santo para vestir a otro», era el dicho y el corolario que al final los dos santos despojados. Pero de eso ya hablaremos otro día.
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