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De tracción vírica

De tracción vírica

OPINIóN IR

30/05/2021 A A
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De tracción vírica
Oye, oiga si tiene estudios, amaneció como la vieja normalidad y aunque los veraneantes todavía no aparecieron con los pantalones cortos, las varices al viento y las sandalias de frailón con calcetines blancos hay un río de coches pasando como si fueran para alguna parte, que no creo. Es como cuando empezó la gente en las ciudades a salir a correr, antes de que se llamara running, y Emilio el de Piedrafita, que se sentaba en un banco en la Serna ya te avisaba: «¿Ves la prisa que llevan? Pues no van con prisa ni para ninguna parte porque dentro de un rato vuelven y llevan la misma prisa; o sea, corren a lo tonto, no es que las vacas les hayan saltado alguna sebe».

Pues estos coches, igual, por la tarde vuelven, con la misma prisa. Alguno irá para la Cueva de Valporquero, «no me aparto» –que es como dicen en los pueblos que no te lo niegan– pero los demás mayormente lo que van a hacer es joderle la hierba de algún prado a los lugareños para colocar las mesas de camping con la tortilla.

– Y ojo, que estos coches traen carga vírica, son de tracción vírica; avisa el portavoz del Colectivo de Jubilados sin Obras que Vigilar en Busca de Lugar para dar Sentencias, en lleunés «gente que ya cobra el susidio» que, por cierto, es otra de las razas en peligro de extinción, «como el dinero y el peatón», que decía el ilustre Paco Bolero pero refiriéndose al dinero en vez de al susidio, que viene a ser lo mismo.

Esto, a fin de cuentas, es que ya estamos volviendo a la vieja normalidad, anterior a la nueva normalidad y que precede a la llegada de lo que invente el asesor de turno, porque Fernando Simón desapareció como si diera las ruedas de prensa desde el Triángulo de las Bermudas, que para Belén Esteban está en la sede de la Real Academia y, sin embargo, va a ser de las que más vende en la Feria del Libro. Salvo que Ana Rosa Quintana saque la segunda parte de su best-seller, aunque se lo escriba el enemigo y éste sea del Bierzo. La Vieja Normalidad.

Y la prueba de que vuelve la Vieja Normalidad es que empezó la Feria del Libro y, matemático, cayó una tormenta que se funde el misterio.


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