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De todo, como en los toros

De todo, como en los toros

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El Juli se convirtió en el triunfador de la tarde en números al cortar 3 orejas en sus dos toros, frente a las dos de sus compañeros de terna. | REPORTAJE GRÁFICO: SAÚL ARÉN Ampliar imagen El Juli se convirtió en el triunfador de la tarde en números al cortar 3 orejas en sus dos toros, frente a las dos de sus compañeros de terna. | REPORTAJE GRÁFICO: SAÚL ARÉN
Fulgencio Fernández | 27/06/2021 A A
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De todo, como en los toros
Toros Tres orejas para El Juli, dos para Manzanares y dos para Morante son el resumen de la primera corrida de la feria de San Juan que tuvo un poco de todo en el regreso de los toros a la capital. Este domingo (18.30 horas) se celebra la segunda y última con Pablo Hermoso de Mendoza, El Fandi y Enrique Ponce
Morante de la Puebla huele a Curro y él lo sabe. Anda como si lo supiera. Mira como si lo supiera. Sonríe sin sonreír. Oler a Curro es oler a leyenda de cada época, que es lo más a lo que aspiran en su profesión porque llegará un momento que en las tardes malas no faltará quien te obligue a reparar en cómo se colocó, en aquel pase eterno que tú no viste o en cómo dijo que no. Incluso habrá quien ira a verte no torear, pero ser torero.

Es lo que tiene ser leyenda. O heredero de ellas. Y ser andaluz, porque entonces el duende te lo suponen.

Sus compañeros llegaron con menos aura, pero con su circunstancia. El Juli parece condenado a hacer olvidar las fotos de niño prodigio para ser prodigio; y Manzanares mira con reverencia a Morante cuando llega al callejón, quizás recordando que el héroe de la leyenda no fue Curro, sino su padre, a quien llama ‘El maestro’ Manzanares.

La tarde tenía aromas diferentes. Dos años sin toros y la incertidumbre de los regresos. Algo ha cambiado, donde hace dos años estaban los antitauriunos había un puesto ‘informativo’ de Vox y muchas banderas de España. En el interior la mayor ovación de la tarde fue la del himno, y en ese mundillo tan singular ocurrió que buena parte de la plaza cantó la letra de un himno que no la tiene.

Llegó la hora. Se dulcificaron las normas anti Covid y desaparecieron las colas que hacían remolinos de caracol a las puertas. Al lío.

Abre Morante frente a Martín por chicuelinas, un toro de 501 kilos. Poco para quien asegura que quiere salvar la fiesta bajando a la arena de matar bichos, los de los nombres temidos. Cuenta con el favor del que hay que llamar respetable desde que recibe a Martín, desde las primeras tandas, toreras con la seriedad del Sur, más pinturera. Ya rema a favor de corriente y, sin embargo, no brinda al público, que lo esperaba. Parecía saber algo, Martín va perdiendo fuelle, recorrido y ni la música le espolea. Estocada casi entera que sirve, y da para una cerrada ovación, que más bien parece pedirle que no lo olvide para el cuarto. Que le esperan.

Un camino inverso cogió Juli. Él niño que jugaba a ser Futre y acabó marchando a México para ser niño torero ya quiere que le miren sin cara de niño. No parecía dar mucho juego su toro, cambió pronto el tercio en el caballo y hasta se le cayó en la faena con la muleta. Pero lo levantó. Le sacó series variadas, se puso de rodillas, verónicas y chicuelinas pero pinchó una vez, sólo dejó media en la segunda y al descabellar la plaza quiso que se llevara una oreja. Y no suelen ser los presidentes muy de desobedecer por estos pagos lo que quiere la afición.

A Manzanares le toca remar a contranatura. Cuando las leyes de la vida nos cuentan que todo hijo aspira a «matar al padre» (entiéndase) en su caso es lo contrario, es más bien la cosa cristiana de «honrarás a tu padre». Y cuando lo hace bien es digno hijo y si mal «no es lo mismo», que no en vano ‘la leyenda’ regaló un busto suyo como homenaje a quien siempre llama El maestro.

Y lo honró. Dicen que es maestro quien tiene faena para cualquier toro. Y Manzanares hijo la tuvo para un toro que prometía menos juego que Belén Esteban en la RAE. Dicen mis vecinos que le dio distancia, tiempo y temple. Lo parecía. Crecieron toro y torero y un estoconazo hasta la cruz certificó las celebradas dos orejas, de puerta grande pero por la que tampoco salió, como hizo Juli no quiso.

Aquello crecía. Cero, una y dos orejas... A ver Morante. Se lo recuerdan desde una grada que se le entregó en olés agradecidos en la tanda con la que recibió al Garcigrande. «¡Vamos!», decía una grada que parecía querer que, precisamente él, no se quedara atrás.

Y el de La Puebla, que aparecía en la prensa fotografiado en una librería, pareció leer el mensaje y aunque no nos regaló aquel esperado galleo del bú de su última presencia aunque, esta vez sí, brindó al público para metérselo en el bolsillo con una tanda de naturales en el centro de la plaza. Subía la temperatura. Se le habían entregado ya. Enlazó pases de pecho, trincherazos, estatuarios, desplantes, se arrodilló... «Ahi tenéis, lo que queríais» pareció decir cuando levitaba para coger la espada... Pero también pinchó. Palmas de decepción. Otra estocada caída y eficaz pusieron el presidente en el brete de obedecer a los pañuelos blancos y las banderas de España que ondeaban en la grada. Y hubo oreja. Es más, hubo dos, para redondear la tarde.

Y cuando parecía que ya se había cumplido, el quinto toro no trae cansancio sino tradición «y no hay quinto malo». O, al menos, no lo dejó «haber» El Juli, el niño que sí conserva la cara pero madura el toreo tiró del mejor repertorio y en cada tanda parecía recordar a los aficionados que esto no ha acabado. Cada serie más clásica, más variada y, como mandan los cánones, estocada hasta la cruz. Esta vez no hacia falta mirar hacia el presidente ni esperar su generosidad, las dos orejas (de León) eran evidentes. Y, con ellas, la puerta que abren, aunque tampoco salió por ella, no quiso.

Manzanares era quien, como se dice en el argot deportivo, llegaba sin presión, ya había hecho la faena importante. Pero si la hubiera tenido daba igual porque el toro que cerró la tarde estaba allí para amargarla. Rompió una pata en el inicio de la muleta, una grada que protesta, una buena estocada y al matadero. Esta vez tampoco hacía falta mirar al presidente, ni aunque fuera Teresa de Calcuta lo visto daba para más que un corto y cambio, mañana más después de esta jornada de feria que fue de fiesta.

Este domingo, la segunda y última de la feria.
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