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¿De quién son los hijos?

¿De quién son los hijos?

OPINIóN IR

21/01/2020 A A
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¿De quién son los hijos?
Aunque la pregunta «¿de quién son los hijos?» sirve para todos, nos gustaría concretar un poco más: «¿De quién son los hijos de Pablo Iglesias?». La respuesta, de acuerdo con la señora Celáa, Ministra de Educación, es que no son suyos. Otro tanto podríamos decir de las hijas del Presidente Sánchez. Tampoco le pertenecen. Aunque pueda parecer extraño, la señora Ministra ha dicho que «no podemos pensar de ninguna de las manera que los hijos pertenecen a los padres». Ciertamente no son propiedad como si fueran un objeto o una mascota. Los hijos son personas que tienen unos derechos y no está permitido a los padres abusar y hacer con ellos lo que les dé la gana.

Lo que no admite ninguna duda es que los hijos no son propiedad del Estado. Sin embargo eso es lo que parece dar a entender la Ministra, que no tiene para nada en cuenta el artículo 27 de la Constitución: «Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Se trata de algo tan sencillo como respetar la libertad, si bien entendemos que esta libertad está cada vez más en peligro, puesto que nos encontramos ante un gobierno que no disimula caminar hacia el comunismo más puro y duro, o sea, hacia una dictadura. Sabemos que las dictaduras comunistas son enemigas de la libertad y de la separación de poderes. Y, aunque parezca sorprendente y algunos aún no se lo crean, cada día que pasa estamos comprobando que ese es el objetivo que busca el señor Iglesias de la mano del señor Sánchez, con el silencio cómplice del partido del Presidente. Es perfectamente aplicable a la situación española el cuento de Pedro y el lobo.

La obsesión por implantar el pensamiento único lleva consigo el meterse con todos aquellos que puedan discrepar o llevarles la contraria. Por eso uno de sus objetivos prioritarios es monopolizar lo más posible los medios de comunicación, poner trabas a la enseñanza concertada, controlar la formación (o deformación) ética y moral y, por supuesto, tratar de asfixiar la asignatura de religión y moral católica y a la propia Iglesia. Pero mucho más grave que todo esto es robar a los padres el derecho y el deber de educar a sus hijos. Con alguna excepción. Los señores Sánchez e Iglesias sí pueden educar a sus hijos como les dé la gana y además tienen la osadía o el morro de querer educar según sus propias convicciones a los hijos de los demás.
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