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De Cimanes a Fresno: Los milagros de la Vega del Esla

De Cimanes a Fresno: Los milagros de la Vega del Esla

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Ermita de la Virgen de la Vega a las afueras de Cimanes. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Ermita de la Virgen de la Vega a las afueras de Cimanes. | MAURICIO PEÑA
Teresa Giganto | 03/01/2021 A A
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De Cimanes a Fresno: Los milagros de la Vega del Esla
Un paseo por el sur de León Cuentan las leyendas que la Virgen de la Vega de Cimanes ayudó en la victoria de la batalla de los cristianos contra los moros. En Fresno son otros los milagros y aquí brotan de la tierra: tienen cuatro morros y son rojos
Seguimos el rastro del río Esla aguas abajo, en un lugar en el que su cauce discurre en paralelo a la carretera N-630 y a la autovía A-66, trazados que siguen la primigenia Ruta de la Plata, importante calzada romana. De aquel imperio, estos rastros que justo nos paramos a seguir y contemplar antes de que la provincia de León deje de serlo para pasar a Zamora dejando al viejo Astura que siga su fuerza hasta desembocar en el Duero. Estamos en Cimanes de la Vega, un municipio cuyos vecinos han permanecido ligados a la tierra gracias a su trabajo en ella con la agricultura y la ganadería como actividades principales. Hace poco más de un año que el río se desbocó y anegó las calles principales del pueblo como consecuencia del repinto deshielo. Hoy aquello es ya un recuerdo y el único agua que hay en el pueblo está helado en esas zonas de solombrío que llevan días sin ver el sol. Aunque los termómetros estén en mínimas y sean estas las jornadas más frías del año, el paseo hasta la ermita de la Virgen de la Vega siempre es agradable. La construcción, del siglo XI, se erige en mitad de un llano que hoy permanece solitario a la espera de que vuelva a ser mayo para rodearse del bullicio propio de las celebraciones. Hasta la ermita llegan fieles del sur de León y del norte de Zamora para rendir honores a una Virgen a la que atribuyen numerosos milagros como el triunfo de los cristianos frente a los moros en la batalla de la Polvoraria. La leyenda dice al respecto que fue la propia Virgen la que apareció en la batalla tirando piedras contra los moros. Es su talla la mayor joya que conservan en Cimanes junto al retablo del altar mayor. Cuentan que la imagen primigenia fue hallada por un pastor en el pozo que hay cerca del santuario y que esta sirvió para elaborar la actual que sería una réplica. Muy cerca está la localidad de Lordemanos, perteneciente al mismo municipio y donde apenas quedan ya una docena de habitantes en un núcleo cuyo origen histórico está en los vikingos. Y también cerca está Bariones, el tercero pueblo que compone este Ayuntamiento.

Sin dejar de lado el cauce del río Esla y sin salir del ‘Territorio Mansurle’ avanzamos hasta otro lugar de la Vega donde la historia está marcada por los surcos de sus fértiles tierras en la ribera izquierda. Es en Fresno de la Vega donde paramos ahora para recorrer sus calles pero también sus huertas, esas en las que se cultivan los pimientos morrones más sabrosos de todo León. Son muchos los agricultores que han apostado en este municipio por seguir con una semilla que les ha colocado en el mapa de la despensa leonesa. Sus pimientos morrones, con Indicación Geográfica Protegida, son alabados por quienes alguna vez los han probado y en este caso los milagros que se le atribuyen son en los fogones por su buen sabor y sus mejores dotes para protagonizar cualquier receta. Tiene el pimiento de Fresno más morro que ninguno, inconfundibles por su rojo intenso y por esa versatilidad que les hace buenos para asar, excelentes en ensalada y riquísimos en cualquier guiso. A por ellos llegan de todo León y también de todo Asturias en el mes de septiembre aprovechando su recolección y coincidiendo esta con una gran feria que está marcada en rojo en el calendario de la provincia. Entorno al pimiento morrón se han creado en el municipio varios almacenes de venta de hortalizas y también conserveras que propician el poder disfrutar de su producto estrella durante todo el año. Pero Fresno de la Vega es mucho más que pimientos. Merecen sus calles un paseo y sus piscinas una tarde de verano. No están estos días para chapuzones pero sí para una visita a su iglesia de estilo mudéjar. La mejor guía para conocer el pueblo son siempre sus vecinos, anfitriones excelentes que le indicarán los mejores senderos de la zona y que le desvelarán que la fertilidad es de la tierra pero también de las manos de artesanos y mujeres del pueblo que contribuyen a que Fresno sea también rico en cultura, en alimento para el alma.
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