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Curar la incertidumbre

Curar la incertidumbre

OPINIóN IR

31/08/2020 A A
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Curar la incertidumbre
Se termina agosto y con él, presumiblemente, esta especie de paréntesis que hemos tenido entre lo que los versados en asuntos de epidemiología –que se han multiplicado– consideran primera ola y segunda de la pandemia. También se terminan las vacaciones para quienes las hayan tenido y muchos piensan que con septiembre se van las semanas de tregua entre lo que ya sabemos que fue malo y lo que está por venir.

Hoy finaliza agosto, se van los veraneantes, llega la bajada de temperaturas y la vuelta a los trabajos y los colegios y, sobre todo, la incertidumbre. La peor guía. Porque en cualquier ámbito de la vida creo que la inseguridad y el no saber por dónde vienen los tiros suele ser bastante peor que el propio problema por mucha dificultad que entrañe.

Tal vez sea trabajar a veces de manera innecesaria, pero le confieso que generalmente cuando me embarco en algún asunto me gusta tener plan A, B y C; y si el propósito es complejo y dependo de terceras personas puedo llegar hasta el D y el E por si por culpa de otro fallan los anteriores. Pero con gente en el poder para quienes la improvisación es la hoja de ruta, pedir proyectos serios y planes de actuación concretos, a estas alturas y visto lo visto, es un delirio.

Los hosteleros tienen incertidumbre porque ya cerraron tres meses y sin saber por qué están en el punto de mira y no saben qué va a pasar. Los padres de niños en edad escolar tienen incertidumbre porque no saben si van a poder llevar a los chavales al colegio y si al mes de iniciar el curso, sin saber en qué condiciones, tendrán que volver para casa. Y usted tiene incertidumbre porque le agobian a cifras y desconfianza.

Hablando de esto con un paisano de la Valduerna, me asegura tajante que para arreglar todo esto es mejor no enterarse de nada y que lo primero es no encender la televisión. Después me dice que al transistor se le terminaron las pilas y no se ha molestado en «bajar a La Bañeza a por otras» y remata su argumento para curar la incertidumbre apuntando que los periódicos son «para encender la cocina y si acaso envolver algo». Eso sí, cierra su alegato diciendo que lo hace sin ánimo de ofender a nadie.
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