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Cuidar y curar

Cuidar y curar

OPINIóN IR

11/05/2020 A A
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Cuidar y curar
El virus Covid 19 se ha ensañado con los ancianos residentes en geriátricos, al parecer más concebidos para ‘cuidar’ que para ‘curar’ y, como consecuencia, muchos reclaman urgentes reformas en base a tres principios: Medicalizar, Inspeccionar y Modernizar. En la sociedad actual, estructurada en torno al trabajo, o la ocupación, de todos los miembros de la familia, el cuidado de los mayores resulta muy complicado; y no digamos en la mayoría de los actuales entornos físicos, pisos, apartamentos, habituales hoy día, sustitutos de las ‘casas’ viviendas. Pero, para los ancianos la sociedad debiera darlo todo; no el olvido.

Porque el olvido no es una cura. Es tan solo un paliativo. Escribe Joan Margarit, anciano, arquitecto, poeta, que tenía que haber recibido el premio Cervantes este pasado 23 de abril, en uno de sus últimos poemas, inédito, titulado ‘Amanece’: «el olvido es ahora mi última herramienta». Es lo único que le queda al anciano. Pero el olvido puede curar muchas heridas del espíritu, pero no del cuerpo.

Ancianos en vacío. Nuestro Luis Mateo Díez, en su maravilloso libro: ‘El espíritu del Páramo’ (Ollero y Ramos 1996) habla de esa edad «más allá de la debida» que tal vez produce en los demás un efecto similar al del paisaje del páramo, que «al ser siempre el mismo comenzaba a dejar de existir».

Siguiendo con el paralelismo entre la vejez y el vacío, dice también (pag. 46). «Celama no representaba otra cosa, más allá de las nostalgias y el desamparo, que un brumoso pasado lleno de incertidumbres y sufrimiento». Y, siendo así, que lo es, debe resultar muy complicado «cuidar» de esas personas, y mucho más «curarlas» pues muchas veces se trata de males invisibles. El capítulo 9 se lo dedica al anciano médico rural, Ismael Cuende, y lo pone sobre una mula a cabalgar en una aterida noche, cruzando la desértica llanura, para asistir a una anciana a la que encontrará ya muerta cuando llegue después de una travesía llena de alucinaciones. «La llanura alcanza la vibración extrema del vacío, cuando la quietud hace temblar la atmósfera como tiembla la nada cuando se congela».

Para estos casos no parecen suficientes los «buenismos» como la opción de la alcaldesa de Pola de Gordón, Noemí González, poniendo en marcha, por decreto, y para esta época de confinamiento, una «época mágica» en la que «está terminantemente prohibido enfadarse» y nadie puede caer en «el desánimo, la tristeza, el rendirse, y el aburrimiento».

No sólo cuidar; también curar. Es preciso revisar con urgencia la propia concepción y estructura de estos establecimientos. Porque las dos cosas son vitales. Y los ancianos son la vida.
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