Cuatro meses desaparecido, cuatro meses de angustia para su familia

El 4 de noviembre Fernando Madrid dijo que iba a pasear y no volvió a casa. Su mujer, Delfina González, sólo tiene un deseo desde entonces: "Que lo encuentren"

Rosa Álvarez
08/03/2020
 Actualizado a 08/03/2020
Emilio Álvarez, María Joaquina Álvarez y Delfina González. | SAÚL ARÉN
Emilio Álvarez, María Joaquina Álvarez y Delfina González. | SAÚL ARÉN
«Le pregunté dónde estaba y me dijo que se había desorientado, que estaba en una carretera, con árboles a un lado y al otro. Había ruido y me contestó que era de las hojas que estaban cayendo... que no veía a nadie y que había pasado por un cementerio, cerca de él. Él había hecho la mili en El Ferral y supuse que podía estar en esa zona, porque me dijo que hacía tiempo que no iba por ahí. Me tranquilizó, me pidió: no llores, que ya voy, que sé dónde vivimos, que si no es más pronto será más tarde, pero voy para casa... y hasta hoy».

Esta es la última conversación que Delfina González mantuvo con su marido, Fernando Madrid. Fue la tercera llamada telefónica que compartieron ese día, el pasado 4 de noviembre, cuando el hombre, de 78 años, salió a pasear por la mañana y no volvió a casa. Mil veces han sonado desde entonces sus palabras en la cabeza de su mujer, que las recuerda con la voz entrecortada por la pena y la desesperación que asegura que le produce el no tener todavía noticias sobre su paradero. «Solo quiero que aparezca mi marido, que se le busque», pide esperando respuestas.

Esa mañana Fernando y Delfina acompañaron a la hermana de ella a una cita médica en el Hospital San Juan de Dios. «Yo no le noté nada raro ese día. Es cierto que últimamente se olvidaba un poquito de las cosas, pero hacía sopas de letras, todas las gestiones del banco… él insistía en que estaba bien, pero como mi suegro tuvo alzheimer le dije que había que mirarlo. Fuimos y no le vieron nada, pero por si acaso le pidieron más pruebas… aunque ya no le dio tiempo a hacerlas», dice. No sabe si ese pudo ser el motivo de que él se perdiera ese día, de que no encontrara el camino a casa, aunque insiste en que todo parecía totalmente normal.

Se levantaron temprano, él les puso el desayuno y «en la sala de espera se sentó con mi hermana y estuvieron bromeando todo el tiempo. Cuando salimos, sobre las 11:30, nos dijo que iba a pasear y le dije, ¿dónde vas Fernando?, porque mi hermana y yo nos íbamos a casa. Me contestó: voy por aquí, hasta luego… y hasta ahora», detalla Delfina. Que Fernando saliera a caminar formaba parte de su rutina. «Le gustaba muchísimo, no se cansaba nunca», por eso a su mujer no le pareció raro. «Su paseo habitual era hasta la plaza de toros, El Corte Inglés, la Plaza Mayor, San Isidoro o Santo Domingo y después iba para casa», pero no era el único recorrido que hacía y esta vez también fue distinto. La preocupación de Delfina comenzó cuando empezó a pasar el tiempo y vio que no llegaba. «Lo llamé hasta tres veces por teléfono, pero apenas tenía batería, sólo dos rayitas… si lo hubiera sabido…».

Tras la tercera llamada, Delfina, desesperada, acudió a su vecina, María Joaquina Álvarez. «Me contó lo que pasaba y salí a buscarlo. Fui hasta San Juan de Dios e intenté hacer el recorrido que pensaba que podría haber seguido. Me dijo que había cruzado, que se había metido por una calle hacia Espacio León y subí, y fui hasta el tanatorio, pero pensé: ¿Dónde voy? Era un día que hacía muchísimo frío, muchísimo aire, y fui a hablar con ella y le dije: ‘Fina’, hay que ir a dar parte». La vecina cuenta que llamó primero a la Comisaría de San Andrés, pero no le cogieron el teléfono, y que después marcó el número de la Policía Local. «Me atendieron de maravilla, me cogieron los datos y me dieron el número de la Policía Nacional de León», recuerda. Ellos, dijo, le contestaron que en ese mismo momento daban aviso a las patrullas de la calle «por si veían a alguna persona desorientada». La denuncia, en la Comisaría de San Andrés, registrada en la mañana del día 5, también la puso ella misma. «Yo no tenía fuerzas», asegura la mujer de Fernando, y en los siguientes días se hicieron varios movimientos.

La búsqueda

La triangulación de la señal que emitió el móvil de Fernando hasta que se apagó marcaba una zona comprendida entre El Ferral, La Virgen del Camino y Montejos y en esa es en la que se buscó sin éxito esa semana a Fernando con un helicóptero enviado desde Madrid –que dicen que sólo pudo volar uno de los dos días «por la niebla»–, por parte de efectivos de la Policía Nacional de San Andrés y León, agentes locales, voluntarios de Protección Civil, un centenar de alumnos de la Academia Básica del Aire y vecinos. Además, también se valieron de motos y se llevó a perros, pero no hubo suerte. «Había llovido y es posible que los perros no pudieran seguir el rastro», señala la mujer. Ella también acompañó a los agentes a hacer un recorrido en coche, con una patrulla, pero tras esa semana cree que se frenó la actividad. «Vinieron pasados 15 días a casa a pedir cosas suyas para guardar su ADN, pero nada más», afirma.

La vecina hizo desde entonces varias llamadas y visitas a Comisaría, sus sobrinos también lo hicieron, y la propia Delfina lo hizo una vez… «Me dijeron que viniera cuando quisiera, pero ¿a qué voy a ir, a llorar?», dice. Han ido al Juzgado, han pedido que los atiendan en Subdelegación –donde confirmaron a este periódico que recibirán a la familia–… y todo con un único objetivo:«Yo lo que quiero es que aparezca mi marido, que se le busque, porque no se puede dejar de buscar a la gente. Si no está ahí tiene que estar en otro lado, porque no se lo ha tragado la tierra», insiste Delfina.
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