Publicidad
Cuarentena Cultural (I)

Cuarentena Cultural (I)

CULTURAS IR

Ampliar imagen
L.N.C. | 17/03/2020 A A
Imprimir
Cuarentena Cultural (I)
Reseñas Los colaboradores de La Nueva Crónica inician este martes una serie con propuestas para cultivar el espíritu durante el tiempo que dure el confinamiento / José Antonio Llamas, Julio Cayón y Valentín Carrera comienzan la serie

La recomendación de José Antonio Llamas


Libro: 'Relato de Babia', de Luis Mateo Díez
Cultura, señores. En estado de alarma general, por culpa del virus al que la ciencia llama Covid 19 y el personal conoce por Coronavirus, atrincherados en viviendas y casas que, en general, carecen de bibliotecas o las tienen muy menguadas, la tentación habitual será recurrir al campo tele-visual para entretener el obligado ocio impuesto por la autoridad.

Nosotros, los leoneses, tenemos tanto que leer, y sin salir de nuestro entorno, que 15 días no bastarán para ponernos al día. Bastaría con optar por Luis Mateo Díez desde sus primeras y geniales y legendarias entregas, hasta adentrarse en el mundo de Celama y continuar con sus perlas que conforman el magnífico collar, único en la literatura española actual.

«Cultura, señores, es todo lo que ignoramos» sentencia el profesor Juan Gualberto, trasunto de aquel ínclito Tierno Galván, cuando llega, rodeado de sus admiradores, al tabernón de la madrileña calle Santa Engracia, en Chamberí, para tomarse una copita de anís machaquito, inventado por un torero que sale en ‘El Cosío’ libro que también conoce el profesor. Así nos lo relata el madrileño leones Francisco Umbral en sus ‘Memorias borbónicas’ editada por Paneta en 1992.

El aldabonazo a las puertas de la gran narrativa lo vino a dar nuestro “claraboyo” Luis Mateo, de Villablino él, y babiano a más no poder, hijo y hermano de ilustres sabios y artistas, y cuyo padre fue colaborador necesario, desde la Diputación, de muchos de los empeños culturales que, en la cultura leonesa, dejaron una huella digna de mención. Por ejemplo la colección de “Los breviarios de la calle del Pez” en la que, con el número 12, salió en el año 1986 la segunda edición del ‘Relato de Babia’,que ése es el libro al que nos referimos hoy. (La primera edición había salido en Papalaguinda en el año 1981).La colección se coordinaba desde el grupo de estudios Gumersindo de Azcárate, el diseño es de su hermano Antón, las fotos de su otro hermano Fernándo, Díez Rodríguez.

En una nota previa, nos señala el autor que «este libro nació orientado a indagar y contar esas zonas más imperturbables de la memoria de un pueblo y de unas gentes, para mí tan queridos, que se sitúan en las cercanías de lo originario» Y en el mapa que le sigue, una obra de arte de su hermano pintor Antón, se nos presenta la Babia que el viajero puede admirar a lo largo de la carretera que entra por Villaseca de Laciana y sale por Villafeliz y Sena de Luna, atravesando Cabrillanes, San Feliz de Arce, Huergas, Villasecino, con la línea que traza la montaña desde el Puerto de Somiedo hasta Peña Ubiña, con Peña Blanca, La Chana y Puerto Ventana, señalando el horizonte montañés.

«La Babia es un país triste, desnudo y riguroso por el invierno… Sin embargo las praderas de esmeralda que verdeguean por las llanuras, sus abundantes aguas, la alineación simétrica de sus montecillos cenicientos de roca caliza y los leves vapores que levanta el sol de verano de sus húmedas praderías, contribuyen a darle por entonces un aspecto vago y melancólico». Así lo dibuja el gran Enrique Gil y Carrasco en “Los montañeses de León”.

Como para no sentir ya la imperiosa necesidad de acometer al dichoso Coronavirus comenzando la lectura de esta joya en la que podríamos decir que «nace» un narrador leonés al que pocos niegan ya el derecho de figurar entre los grandes de la literatura del siglo XX en español.

La recomendación de Julio Cayón


Tiempo libre: cajón de sastre
Hay gente ordenada. Pulcra. Metódica. Y hay otra que no tanto. O muy poco. O nada. Depende de cada uno. Porque quien más y quien menos tiene en su casa ese famoso cajón en el que todo cabe y adonde todo se manda. Facturas, resguardos, publicidad buzoneada, catálogos, alguna carta del banco… en fin, un desorden de muchos perendengues. Y ocurre que como ahora, con eso del aislamiento o reclusión doméstica por solidaridad social –tómese el ‘encierro’ con alegría y buen humor- hay tiempo sobrado para un sinfín de actividades de puertas adentro, hágase un acto de contrición y, de una vez por todas, procédase al expurgo. Y sin prisas, casi con mimo, ordénense los papeles como mejor le plazca a cada y deséchese aquellos que, en realidad, solo hacen bulto. Estorban. Eso sí, deposítelos en el contenedor correspondiente. Cuando concluya la tarea se habrá sentido un poquito más feliz. Y más útil. Quienes le rodean en casa, en definitiva su familia, se lo agradecerán. Si no fuese así, felicítese a sí mismo. Objetivo cumplido. Adiós cajón de sastre. O desastre.

La recomendación de Valentín Carrera


Cuadro: 'El jardín de las delicias'
Llevo ya una semana en cuarentena preventiva —por fortuna, sano— y La Nueva Crónica me sugiere que recomiende un libro, o una película, o una serie, o un cuadro… e incluso una receta de cocina. Lo hago con gusto, por si ayuda a alguien a pasar mejor el aislamiento, que no ha de ser vivido como una imposición carcelaria, sino como una oportunidad, como decía Shackleton para «sacar lo mejor de lo peor».

Libro: Soy más clásico que Antonio Machín. ¿Cuántas veces os habéis dicho, algún día tengo que leer El Quijote? ¿Vais a esperar a la jubilación o a una apendicitis? Esta es la ocasión perfecta: El Quijote nunca defrauda, y si esto se prolonga os va a dar tiempo a leer la primera y la segunda parte. Para mí no es una novela, es un tratado de vida.

Películas y series: más bien dejo que me recomienden mis hijas millennials. Cualquier cosa será mejor que ver las chorradas que programan algunas cadenas de cotilleos y tal. Evitad la basura televisiva: no es letal como el coronavirus, pero contamina las cabecitas.

Una receta, pero no de cocina, en este caso será: botas de senderismo, una botella de agua (reutilizable, que no sea de plástico) y salir a caminar. Estar en cuarentena significa no ir al bar a tomar las cañas, al cine o a la tertulia de amigas, pero caminar en solitario es una cuarentena perfecta, y los parques de nuestras ciudades son amplios y espaciosos.

Ah, y un cuadro infinito: El jardín de las delicias, de El Bosco (Jheronimus van Aken): podría ser un buen resumen, profético, de esta epidemia de coronavirus. Toda esta crisis está ahí condensada en sus entresijos y metáforas, quizás con un mensaje de humildad a una civilización, la nuestra, que será víctima de su soberbia.
Volver arriba
Newsletter