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"Cuando vuelvo, soy consciente de que puedo vivir con poco"

"Cuando vuelvo, soy consciente de que puedo vivir con poco"

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Morán con Isaac Núñez y una de las mujeres que le ayuda en su trabajo solidario.  | ALBERTO MORÁN Ampliar imagen Morán con Isaac Núñez y una de las mujeres que le ayuda en su trabajo solidario. | ALBERTO MORÁN
Mar Iglesias | 11/11/2019 A A
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"Cuando vuelvo, soy consciente de que puedo vivir con poco"
Sociedad Alberto Morán regresa de su última misión pastoral en Bolivia, al lado de Isaac Núñez y tras una década de viajes solidarios vuelve, otra vez, "con el alma llena"
Párroco berciano, ahora afincado en Camponaraya, aunque muy cercano por cuna a Molinaseca, Alberto Morán comienza a deshacer las maletas. Lo hace despacio, parándose en cada recuerdo que aún es pronto para hacer fraguar pero tarde para convertir en olvido. Es la misma maleta que lleva haciendo más de una década, cuando el empuje de niño que sentía por ser misionero se convirtió en un constante deseo de ver más allá.

En «misión pastoral», como relata, espera cada verano compartir un tiempo en una zona donde pueda responder a las necesidades que, de antemano, sabe que encontrará. Así fue como conoció el Congo, donde «me sentí misionero y realizado». Su primer destino, el hospital «siempre me ha gustado trabajar con los enfermos», apunta, pero en el Congo, la palabra hospital superaba lo que Morán entendía como tal «las radiografías se secaban al sol y las vendas se lavaban. Lo más bonito eran los niños», recuerda, buscando siempre la candidez de los recuerdos que le separan de la escena.

Camboya le sorprendió, sobre todo al pasar por campos repletos de minas, sin más miedo que los propios «ahí lo único importante es vivir», explica. Sus sensaciones son de vuelta, pero no física, sino a un pasado infantil «he revivido mi infancia, en la que no tuve juguetes, los hacía yo, y allí igual». Guinea, Haití «donde la tragedia es permanente» y el lugar en el que no existen las sonrisas, fueron sus siguientes destinos.

«Vienes con el alma llena», dice, al responder la pregunta sobre lo que ha cambiado en él desde que comenzó la senda de kilómetros de ayuda «tengo mucha más sensibilidad por todo», explica. «Cuando vuelvo, soy consciente de que puedo vivir con poco. No malgasto luz ni agua, eso me preocupa mucho…He aprendido a valorar lo que tengo y a saber que soy muy afortunado».

Morán
reflexiona sobre lo poco que necesita para vivir, algo que ha aprendido de la complacencia de los que no tienen nada «soy sensible hacia ellos, sobre todo al hacer esa comparativa…y siempre recibo más de lo que doy», dice satisfecho. Y el corazón se le queda encajado en cada rincón por el que ha pasado, porque nunca ha estado de paso «me gusta involucrarme en todo, con las madres, con los hijos, con los enfermos…No tengo miedo porque me integro con ellos, si no lo haces ¿de qué vale?», se pregunta. Sabe que está preparado para todo, porque ya ha asumido incluso la cocina de los distintos lugares, en la que ha encontrado víboras sobre el plato o monos.

Su último destino, el que ahora es más jugoso para él, que aún saborea, ha sido Bolivia, donde ha participado en las labores de ayuda que lleva el creador de Proyecto Hombre, Isaac Núñez, también berciano. Allí, como es costumbre en Morán, llevó sus ahorros anuales para intentar dar sosiego a las zonas que visita. En Bolivia le sorprendió la fortaleza de las mujeres, epicentro social de una zona en la que vivió las elecciones «estuve en dos manifestaciones, una a favor de Evo Morales y otra en contra», dice, relatando su intención de verse en todos los espejos y, sobre todo, aprender.

Allí tomó el pulso a una zona de montaña compleja, en la que conducía cinco horas por carreteras laberínticas y con el vértigo tatuado en sus venas de asfalto. «Están muy concienciados con el tema político. Los sistemas son muy machistas y allí Isaac quiere promocionar a la mujer laboralmente». Relata Morán que Isaac potencia talleres de costura para que las mujeres sean autónomas y en ellos dejó el párroco sus últimos euros, facilitándoles tres máquinas de coser nuevas.

Allí participó en tareas de sensibilización con la Amazonía «porque la iglesia no permanece al margen», dice, y se sintió como «uno más», al que los niños dejaron entrar atentos a su legado español «lo que más usan allí es el por favor y el gracias. Todo lo que tienen lo comparten y lo disfrutan», dice. En la comparación, sale perdiendo el llamado primer mundo, que Morán considera que tiene un largo camino que seguir «me gustaría que la gente se diera cuenta de lo que sirve el dinero en otras partes. Nuestro problema es el individualismo que nos puede, disminuye los valores por ese Dios dinero y solo nos preocupa resolver nuestra vida, no la del vecino. Es un mundo absurdo, en el que estamos esclavizados y somos marionetas», concluye.

Próxima parada, Morán espera que sea la India «pero tengo el problema del idioma», dice, porque su intención es ir a las zonas donde manejan lenguas tribales. De todas formas, no descarta que ese sea su destino y en la maleta ya vuelve a incluir algo fundamental en ella, un diario en el que recoge cada detalle y con el que no descarta hacer un libro en un futuro «aunque no me lo he planteado». De hecho, en él también basa sus composiciones musicales con la guitarra, su confidente.
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