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Cuando los molinos molían

Cuando los molinos molían

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Marceliano ‘el molinero’ les hizo a los periodistas una documentada demostración de cómo era el funcionamiento del  viejo molino. | FERNANDO RUBIO Ampliar imagen Marceliano ‘el molinero’ les hizo a los periodistas una documentada demostración de cómo era el funcionamiento del viejo molino. | FERNANDO RUBIO
Fulgencio Fernández | 12/09/2022 A A
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Cuando los molinos molían
El León de Fernando Rubio El molino de Marceliano se encuentra cerca de Carbajal de la Legua y en 1974, cuando le visitaron para un reportaje e hizo las fotografías Fernando Rubio, aún funcionaba como se encargó de mostrarles y explicar
Cada vez que en tierras leonesas se habla de molinos se acaba recurriendo al omnipresente Catastro del Marqués de la Ensenada. También hace este viaje Fernando Rubio el día que nos rescata imágenes de un molino (en 1974) y cuenta cómo en 1749 «se llegan a citar hasta 4.497, la mayoría harineros, aunque también los hubo de linaza». Otros gran experto en molinos, Carlos Junquera, acude a otra fuente y nos recuerda en su estudio sobre ‘Molinos tradicionales’ que «en el Censo de Floridablanca realizado en la provincia de León se inventariaron 1595 molinos harineros y de linaza, a los que podemos añadir 69 batanes».

Todos los caminos conducen a una de las industrias más importantes y antiguas de esta tierra. Recuerda Junquera que «la documentación medieval permite afirmar que en el siglo VIII había molinos funcionando en los cauces leoneses y en el siglo X la documentación ya es muy extensa». ¿Y en el XXI? Pues también ahí las fuentes son tan claras como contundentes. Fernando Rubio en su búsqueda encuentra que «En poco más de un siglo, León ha perdido más de 1300 molinos. 700 de ellos han conseguido sobrevivir, de los que solo un pequeñísimo porcentaje aún funciona, aunque no es el caso del Molino de Marceliano». Y se fija en éste porque precisamente es el que fotografió para aquel reportaje de 1974, que no ha olvidado y tiene aún fresco el recuerdo de las explicaciones del citado molinero.

El Catastro del Marqués de la Ensenada, en 1749,  llega a citar hasta 4.497 molinos en la provincia de León, la mayoría harineros aunque también los hubo de linazaJunquera en 2005 ya alertaba de que «la actualidad para la provincia de León es que el molino está en claro retroceso en todos sus frentes, y las escasas rehabilitaciones, honrosas por otra parte, no tienen ya la función tradicional que tuvieron». Muchos son ya simplemente las viviendas de los molineros, otros restaurantes o centros de turismo rural y demasiados se han caído.

Son, sin embargo, variados los ejemplos en los que los molineros «se han aferrado» a sus molinos y, aún sin funcionar, los mantienen en perfecto estado, que podrían comenzar a moler con pequeños arreglos. Así, a vuelapluma podríamos recordar a Quico el de Canales, que cuida y mima su molino y fábrica de la luz, que lo echa a moler cuando van a visitarlo o al casi centenario Jesús, en Castrillo de las Piedras, que incluso ha construido uno en madera, a escala, que funciona perfectamente pues ya no puede hacerlo con el real, que también cuida y es uno de los pocos que se conservan de linaza. Otro que ha restaurado el molino y también ha hecho su maqueta a escala es Flavio, el molinero de Valle de Mansilla, cuyo molino se puede visitar y él te lo explica y la maqueta puede verse en el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas.

En fin, Antonio Valbuena sigue aferrado a su histórico molino en Santibáñez del Bernesga y, aunque no es su casa oficial, allí hace su vida rodeado de mastines y visitas de amigos.
Es la de molinero una profesión muy singular. En Cea, Pedro llevó su pasión y su oficio aún más allá y dejó dispuesto que en su panteón como lápida se pusiera la piedra del molino. Y así se hizo. Y allí se puede leer: «‘Pedro Acero. Agricultor y molinero».

Muchos molineros se han aferrado a sus molinos, otros han construido maquetas a escala que funcionan y hasta uno de ellos, Pedro Acero, de Cea, puso la rueda como lápidaHabría mil ejemplos de esta pasión. La misma que mostró Marceliano cuando le visitaron en 1974 y que Fernando Rubio no ha olvidado. «Muy atento nos mostró y demostró su funcionamiento. El Pisón se encuentra cerca de Carbajal de la Legua, en el municipio de Sariegos y es un molino de dos plantas, de gran anchura (36 metros), visible desde casi cualquier punto elevado del entorno y obtenía su caudal de la presa cerrajera del Bernesga». Pero ya no funciona.

Triste es asimismo que con los molinos se vayan tantas historias de molineros, tantas palabras de uso diario que pasan a ser pura arqueología: Desde los tipos de molinos —de escorrentía, de rodezno, de cubo, de regolfo, en paralelo, de chocolate, de linaza— a piezas como el cantiago, tarabiya, borriquete, sonaja, cuezo, lavija, palahierro, muelas, embojadura, tragante, zunchos, arnal, afinadero, pitera, barrón, rangua, cinchos, rodeznos, camones, alzapuente... con sus correspondientes maquilas.

De su funcionamiento hay documentos mil, que en directo pocos.
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