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Cuando los burros se equivocan

EL BIERZOIR

Las escuelas de los pueblos hicieron que los enclaves menores permanecieran vivos, una tendencia que ha cambiado hacia la pérdida de esos espacios. Ampliar imagen Las escuelas de los pueblos hicieron que los enclaves menores permanecieran vivos, una tendencia que ha cambiado hacia la pérdida de esos espacios.
Ramón Cela | 14/01/2018 A A
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Cuando los burros se equivocan
Rincones olvidados La Escuela Hogar, un concepto a recuperar si se piensa en mantener población y no solo en política
Cuando no era rentable tener una escuela abierta y una profesora, se suplía esa carencia con la Escuela Hogar, en zonas en las que muchas veces no había ni luz ni carreteras y mucho menos teléfono para poder comunicarse con el mundo exterior.

Los padres de estos alumnos, habían pedido dinero prestado para poder pagar el viaje y unos días de estancia en unos países de Europa, donde no eran capaces de entender ni sus lenguas y mucho menos sus costumbres. Atrás quedaban unos ancianos y niños que cada vez que llegaba una carta al pueblo era leída por la mitad de la escasa población, siempre eran parecidas : Vivimos muy bien, con muchas comodidades y ganamos mucho dinero.

En Villafranca funcionaba maravillosamente bien esta Escuela Hogar, donde los niños se sentían felices y tanto la directora la siempre recordada Carmina y el resto de profesores, eran conscientes de la situación que atravesaban y con más vocación que medios, hicieron que los niños de los pueblos, se sintieran tan a gusto o más que en sus pueblos.
Fue una buena labor. Quizás como otras, nunca reconocidas.Los ancianos, estaban cuidados mejor que nunca, ya que sabían que un médico estaba cada día en disposición de acudir al primer reclamo que se hiciera, porque en la Villa, ya se había instalado la Cruz Roja y bien con vehículos todo terreno y muchas veces con helicópteros, que casi nadie sabía de donde salían, eran socorridos con la prontitud que permitían las carreteras o las inclemencias del tiempo.

Los padres de los niños comenzaron a enviar dinero, desde Holanda, Suiza, Francia, Alemania u otros países, pero ese era intocable, porque sus abuelos que no eran tontos, sabían del sacrificio a que estaban expuestos aquellos hombres y mujeres que un buen día se marcharon con lo puesto en busca de un mundo mejor para sus hijos y para ellos mismos.
Eran los tiempos de la heroína, de las libertades a veces mal entendidas y los chicos de la Cruz Roja del Bierzo, se multiplicaban para poder atender a una población muy mermada de gente joven y donde era difícil creer que muchos de aquellos jóvenes hacían una labor titánica a cambio de nada, solo por ser útiles a quienes les necesitaba y lo peor es que eran muchos frentes abiertos y duras las inclemencias, tanto del tiempo como orográficas.

El siempre bien recordado Alberto Pérez Ruiz,( posiblemente el mejor presidente de la Diputación de todos los tiempos), se implicó de tal manera con el bienestar de los pueblos y era frecuente, verle de forma oficial o de manera particular visitar los pueblos donde diez kilómetros casi siempre era una hora de camino de un todo terreno y, a veces, donde los pasajeros tenían que bajarse del vehículo, porque el conductor, con la puerta medio abierta, no podía garantizar la integridad de los viajeros.

Pronto se implicó La Guardia Civil a requerimiento de la Cruz Roja y fue una gran ayuda, para aquellos chicos veinteañeros, que ocupaban los fines de semana en llevar a los pueblos víveres y ropas de abrigo al tiempo que los ancianos que vivían solos eran trasladados a centros especializados donde permanecieron felices hasta el fin de sus días.

Pasaron algunos años y los padres de los niños de los pueblos, comenzaron a sentir una mayor holgura económica en sus cuentas bancarias.

Como es natural, los pequeños hoy ya hombres y mujeres de bien comenzaron a sentirse mucho más arropados por sus padres que ya pensaban en que sus hijos merecían otra vida mejor que la que ellos se habían visto obligados a padecer. La labor de la Escuela Hogar fue clave para que los allí acogidos tuvieran otra visión del mundo y las cosas. Los emigrantes ya habían sido testigos de que a unos escasos miles de kilómetros se podía trabajar y vivir mejor. ¿ Por qué no en España?

Con el dinero ahorrado podrían montar un negocio o tomar una profesión similar a la que habían desarrollado en otros países, lo que motivó que el mundo se les hiciera mucho más amplio y comenzaron a comprar terrenos en el llano, edificar casas dignas para ellos y su familia mientras que atrás quedaron años de sacrificios y privaciones a los que sin duda nunca fueron ajenos. Ahora podían disponer de un espacio para ellos y sus hijos. Sus padres serían por fin agraciados con un descanso bien merecido y toda la familia unida comenzaría una vida distinta a la que habían llevado.

Hasta aquí, todo fue según lo previsto, pero como en casi todo, la felicidad tiene siempre fisuras y los padres, hoy ancianos, siguen apegados al terruño y poco les importa, las comodidades ni otros tipos de costumbres o comidas. Ellos siguen y seguirán siempre en el pueblo, porque siempre piensan que sus hijos no se dan cuenta de que no tiene valor lo que no cuesta sudor y cada castaño, cada pequeño reguero, cada piedra, colocada en el lugar adecuado ha costado mucho trabajo y ellos harán como hacen los ancianos de todo el mundo: Del pueblo, no los moverán hasta que sea en el último viaje camino del cementerio.

Vistos todos estos argumentos expuestos y naturalmente reales, llegamos a una conclusión y es la que nos demuestra una vez más, que los políticos, nunca han sabido abordar un problema que siendo fácil de resolver, provoca cada vez más y de forma acelerada el declive de una comarca una provincia o una nación: el abandono de los pueblos. El abandono de las tierras, el abandono de la riqueza y lo que es peor, el abandono de una ilusión. Así, señores políticos del mundo, es imposible fijar población.

Ahora y con cierta nostalgia y preocupación , vemos como ciudades como Ponferrada, Villafranca y otras muchas, se mueren día a día, porque la gente abandona los pueblos, así le pasará a León y de esta manera a todas aquellas ciudades que solo se preocupen en el asfaltado o alumbrado de la arteria principal, olvidando que si los pueblos están ricos, en algún lugar tienen que comprar y ese es aquel....que sin darse cuenta los mató.
Moraleja: Cuando un burro de un pueblo se equivoca de camino, se dice que ya está muy viejo y se aparta de toda actividad.
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