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Cuando el césar miró hacia el Bierzo

Cuando el césar miró hacia el Bierzo

EL BIERZO IR

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D. M. | 18/02/2018 A A
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Cuando el césar miró hacia el Bierzo
Patrimonio Una publicación en el último número de la revista Gerión pone de nuevo de manifiesto la relevancia histórica del emblemático 'Bronce de Bembibre'
Corría tal mes como el actual febrero. Roma ya había conquistado todo el territorio de Hispania y el emperador César Augusto se disponía a hacer el tercero de sus viajes al territorio peninsular.

Con la victoria romana en las Guerras Cántabras unos años antes, Augusto tenía vía libre para dar buena cuenta de los metales preciosos del noroeste. En el actual territorio del Bierzo, Las Médulas se predisponían a ser la mayor explotación aurífera de Hispania con la que enriquecer las arcas imperiales.

Tras las contiendas contra cántabros y astures, los generales de Augusto aún tuvieron que sofocar algunas esporádicas revueltas de rebeldes indígenas, que se resistían a ser sometidos, pero todo parecía bajo control.

Antes de cruzar la línea de los Pirineos, en un importante viaje en el que fundaría varias ciudades en Hispania, el emperador pasó parte del invierno de aquel año 15 antes de Cristo en el asentamiento ‘Narbo Martia’, la actual ciudad de Narbona, en el sureste francés.

Fue en esta colonia romana de la Galia, a estas alturas del invierno de hace 2.033 años, cuando Augusto tuvo que prestar por un momento sus atenciones un a un asunto berciano.

Y es que allí «a quince días de las calendas de marzo» el emperador dictó y fechó la emblemática ‘Tabula Paemeiobrigensis’, a nivel local denominada ‘Edicto de Augusto’, y en ámbitos más amplios conocido como el ‘Bronce de Bembibre’ o ‘Bronce del Bierzo’. Un decreto imperial que ponía orden social y jurídico sobre el territorio berciano y que quedó grabado en una placa de bronce de un tamaño un poco inferior a un folio, con una anilla en la parte superior, para poder ser colgada.

Dos milenios después, la pieza fue hallada en el entorno de Bembibre en circunstancia que nunca han acabado a esclarecerse por completo.

La pieza constituye uno de los primeros documentos escritos referidos a los pueblos astures. En el dictamen, Augusto otorgó privilegios a la tribu de los susarros, «que se habían mantenido fieles» a Roma, dice la tabla, -en latín- «mientras que los demás eran disidentes». Así pues, para los susarros Augusto proclamó: «les hago donación de inmunidad perpetua y ordeno que posean sin discusión las tierras».

Sin embargo, por su parte, la vecina tribu de los insubordinados y subversivos guigurros, debería «cumplir obligaciones» y relegarse a su castro.

Desde el hallazgo de la pieza, han sido muchas las noticias que ha generado este documento epigráfico romano.
A nivel local, el bronce, que fue estudiado por el Museo de León donde actualmente está expuesto, ha cobrado actualidad cada vez que desde el Bierzo, sobre todo por parte de partidos políticos regionalistas, se ha reclamado su devolución. Sendas reproducciones de la tabla se encuentran actualmente en el Museo del Bierzo de Ponferrada y el Museo del Bierzo Alto de Bembibre, pero desde la comarca se reivindica la pieza original.

Pero más allá de las polémicas políticas, el Bronce del Bierzo ha generado durante los últimos años actualidad de alta trascendencia en el ámbito de la instituciones académicas y de investigación especializada. Desde el año 2001 distintos historiadores y expertos en epigrafía se han interesado por analizar la pieza.

Desde luego, el estudio más completo tuvo lugar tras un congreso celebrado en el año 2001 organizado por el Museo de León para el cual, los más prestigiosos expertos en epigrafía romana a nivel nacional e internacional sondearon los distintos aspectos de la placa.

Los estudios fueron recogidos ese mismo año en un número de los estudios y catálogos de la Junta de Castilla y León llamado ‘El bronce de Bembibre : un edicto del emperador Augusto del año 15 a.C’. La publicación estuvo coordinada por el director del Museo de León, Luis Grau y José Luis Hoyas. En ella, profesores e investigadores como Géza Alföldy, Raquel López Melero, Felice Costabile o Manuel Villanueva Acuña, de distintas universidades e instituciones, analizaban las importantes novedades que ofrecía la tabla.

La más trascendente era que el texto hablaba de una nueva provincia más allá de la conocida división del territorio peninsular que hizo Augusto en tres demarcaciones (Tarraconensis, Bética y Lusitania). Se trataba de la Transduriana, un territorio ubicado tras el río Duero que debió constituir, en base a este bronce, una provincia o división administrativa de Hispania, aunque fuera por un corto espacio de tiempo.

Algunos autores, por su parte, como la profesora Alicia Canto, de la Universidad Autónoma de Madrid, exponían extrañezas en la pieza que hacía dudar incluso de su autenticidad. Posición que también mantuvieron algunos expertos extranjeros como el catedrático Patrick Le Roux de la Universidad de París o la prestigiosa publicación centenaria francesa L’Année Épigraphique.

A lo largo de casi dos décadas, varios estudiosos más han aportado sus puntos de vista. Lo más recientemente difundidos son diversas actas de los congresos y jornadas celebrados en el año 2014 con motivo del bimilenario de la muerte de Augusto.

Una de ellas, por ejemplo, recogida en el último número que ha salido a la luz de la revista de Historia Antigua Gerión, de la Universidad Complutense, donde los profesores María Dolores Dopico de la Universidad de Santiago y Juan Santos, de la del país Vasco, comparan este bronce con otras placas halladas en Galicia para dar cuenta de la acción del emperador en las comunidades indígenas del Noroeste, revelando la gran trascendencia del edicto berciano.

Un texto que deja patente que a estas alturas del año y aún a cientos de kilómetros, hasta el césar tuvo que prestar por un tiempo cierta atención al territorio Bergidum.
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