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Cristina Izo: "Es una obra que pone sobre la palestra todo lo que he aprendido hasta ahora"

Cristina Izo: "Es una obra que pone sobre la palestra todo lo que he aprendido hasta ahora"

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La actriz Cristina Izquierdo lleva a cabo una intensa interpretación del poema shakesperiano ‘La violación de Lucrecia’. | KAMARAOSKURA Ampliar imagen La actriz Cristina Izquierdo lleva a cabo una intensa interpretación del poema shakesperiano ‘La violación de Lucrecia’. | KAMARAOSKURA
Emilio L. Castellanos | 07/03/2019 A A
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Cristina Izo: "Es una obra que pone sobre la palestra todo lo que he aprendido hasta ahora"
Teatro La promotora de la compañía burgalesa Brama Teatro estrena este jueves en el Auditorio Ciudad de León ‘La violación de Lucrecia’, el desgarrador poema de William Shakespeare que contiene todo el germen y la grandiosidad de sus obras posteriores
Enrique López, director de la compañía leonesa Teatro Diadres y uno de las referencias de Eje Producciones, pone una muesca más a su dilatada trayectoria al trasladar al escenario una versión propia del poema de William Shakespeare ‘La violación de Lucrecia’ («que contiene todo el germen y la grandiosidad de las obras posteriores de su autor», ha escrito López), asumida y producida por el grupo burgalés Brama Teatro, interpretada por Cristina Izo y programada para hoy, jueves (a partir de las 21:00 horas con entrada única a 10 euros), en el Auditorio ‘Ciudad de León’. Le llevó a Quique más de un año afrontar la traducción y la dramaturgia de esta obra de finales del siglo XVI para, provista ya de un lenguaje contemporáneo y estilizado, construir un espectáculo escénico a través del cual hacer estallar «un mosaico de sentimientos, pasiones, arrebatos y delitos», tal y como vislumbra la pieza su director. «Se trata de un texto muy hermoso y muy potente que disfruta de una indiscutible carga dramática. Lo hemos adaptado respetando su esencia y afinándolo para que funcione escénicamente».

Han sido varios los meses que Cristina Izo y Enrique López han trabajado muy estrechamente para concretar una propuesta que obliga a la actriz a un esfuerzo emocional intensísimo. «Desde luego, el trabajo actoral constituye el eje de todo el espectáculo», asegura el leonés. «Cristina se presenta ante el público sin escudos de ninguna clase, tal cual». Ella lo llama ‘streep tease’ emocional. «Es la única manera de reconocer todos los matices», asegura Cristina.

La violación de Lucrecia, a manos de Sexto Tarquino (hijo de Tarquinio el Soberbio, último rey romano), y su posterior suicidio desencadenaron tal crisis en la realidad social y política de Roma que acabó con su monarquía y propició la instauración de la República. El poema de Shakespeare detalla toda esta historia y Enrique López, en su adaptación teatral (para la que diseña cuatro espacios escénicos), consigna en él algunas variantes (como comenzar la función atendiendo al final de la pieza) para facilitar su fluidez escénica y convertir a Cristina Izo en la protagonista exclusiva de una función enérgica y torrencial. «El texto es como una catedral y en él se encierra toda su esencia. Una actriz debe entregarle su cuerpo, su voz y su alma para darle vida, pero en él está todo. Desde luego, afrontar un reto así requiere valentía y nosotros disponemos de ella porque nuestro oficio nos lo reclama», indica esta actriz, somete al vértigo de una función donde ella no se hace acompañar sobre las tablas más que de su propia vocación. «Es una obra que pone sobre la palestra todo lo que he aprendido hasta ahora y que te mide como actriz. Estás ahí sola ante el peligro. Hay que estar preparada para hacerla y es nuestro deber, como artistas, estarlo». Reconoce la actriz burgalesa que la experiencia y el bagaje personales son absolutamente necesarios en cada contribución actoral y en una obra como ‘La violación de Lucrecia’ mucho más. «Sí es necesario echar mano de tus propias maletas. Hace ya más de cinco años que deseaba hacer esta obra. Quería dar voz a una mujer que ha sido violada y ultrajada. Aunque yo no he vivido esas terribles experiencias, a veces te sientes de una determinada manera. Y qué mejor para recrear todas esas emociones que un Shakespeare, que una obra como esta, donde se ponen de manifiesto situaciones que desgraciadamente siguen siendo actuales y nos permiten poner en evidencia lo que pasa. Hay que denunciar las violaciones o cualquier ultraje u oprobio, como hizo Lucrecia, y no refugiarse en el silencio». Desde luego, la grandeza de la obra de Shakespeare se manifiesta en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, dotadas de vigencia y perennidad. «Shakespeare es atemporal. Su grandeza reside en su capacidad para hablar de la esencia humana y contar nuestros vicios y virtudes. Para mí es un honor poder subirme al escenario para representarlo. En este caso concreto, nos encontramos con un poema bellísimo que al mismo tiempo es desgarrador, un texto excepcional».

Cristina Izo encara esta obra «con muchísima concentración», confiesa. «La tensión para un actor se resuelve con mucha relajación, aunque parezca contradictorio. El cuerpo y la voz tienen que estar relajados para dar paso a todas las tensiones reales». Ella no sólo asume el rol de Lucrecia durante la función sino otros, como el de su violador, un aliciente añadido en el ejercicio interpretativo. «Me pongo en su piel y he de entender también su humanidad, sus dudas, sus actos…». Desde luego, Cristina ha tenido clara la condición de una obra como esta, poblada de matices y detalles y en nada complaciente. «Cada vez que salgo al escenario me estremezco. Si tengo esa sensación sé que estoy dentro de la obra y de los personajes. Es una obra profunda, con muchas capas… Son personajes que siguen enseñándome cosas». El público lo siente de manera muy honda e íntima sobre el escenario. «Un actor debe estar plenamente concentrado en lo suyo pero al mismo tiempo debe notar al espectador porque es a él a quien se dirige. El día que no lo sienta así tendré que dejar los escenarios».

Cristina Izo reivindica el teatro, «es ahora mismo más necesario que nunca», como un acto que sublima «la presencia humana» y favorece «que nos veamos y nos reconozcamos». Lo define como «una herramienta de comunicación y de transmisión de saber», concluye la actriz burgalesa.
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