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Creando una cosmogonía

Creando una cosmogonía

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La artista salmantina Natacha Vicente. | VICENTE GARCÍA Ampliar imagen La artista salmantina Natacha Vicente. | VICENTE GARCÍA
Vicente García | 30/03/2021 A A
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Creando una cosmogonía
Arte Natacha Vicente es una gran artista que en su viaje por la vida ha caído y para levantarse ha optado por el arte, la poesía y la creatividad. De eso trata la exposición que ha presentado en la galería Ármaga bajo el título ‘El ajuar de Kame Muse’
«Allí en el lugar de Kame Musa construyeron un gran edificio.
En el que reposaban todas sus historias.
(Natacha Vicente. Poema)


La  exposición de la salmantina Natacha Vicente es pura poesía en la que se entremezclan diversos objetos,  modos muy distintos de crear y un trabajo de intervención realizado con muchas técnicas artísticas: el barro, la pintura, el tejido, el papel,  el hierro, y surge de una idea que es el libro que forma parte de la muestra que actualmente puede visitarse en la sala de Armaga.

Su creación parte de esa pieza singular y a través de ella encontramos un mundo interior convertido en un lugar idílico llamado Kame Muse, situado en las fuentes de Río Blanco, junto al lago No y en pleno valle de Muer. Los nombres que encuentra la autora son fruto de su propia experiencia vital, y en ese lugar imagina que han vivido, disfrutado y sufrido muchos seres humanos, especialmente dos mujeres que encarnan el núcleo de su creación. Todo ello se muestra como una labor arqueológica que ella ha creado a partir de su mundo interior.

Antes de todo se debe comenzar por el principio, y el principio fue un cuadro que pintó antes de su enfermedad y que es el inicio de la exposición. La autora confiesa: «El cuadro es una reflexión sobre la idea de la mujer, que está en el origen del mundo. La mujer como generadora, como creadora, que da la vida, no solo por su capacidad de dar a luz sino que quería reivindicar a la mujer como ser principal, no la posición secundaria o de comparsa que le ha dado la historia del arte. Quería reivindicar el hecho de que la mujer está en el origen del mundo».

Tras haber comenzado en numerosas ocasiones con principios en los que se fijaba en grandes artistas y pintores, en esta ocasión comienza por lo más importante y se pregunta «¿qué soy?», respondiendo: «soy mujer, madre, hermana, hija, pintora, artista, profe… todo eso en un tiempo continuo de reconstrucción de mi propia memoria y en ese trabajo me inventé un personaje que es mi alter ego que se llama Nastha Baru, que como yo me llamo Natacha, es como mi sobrenombre, un personaje iniciático, una mujer que vivió en el año 5000 antes de nuestra era, que es la historia que yo me invento».

Y a partir de aquí va trazando su mundo, su forma de vivir, de pensar y de creer. Una auténtica cosmogonía similar a las bases de las distintas mitologías, en las que se explica la creación e historia del mundo como los escritos del Popol Vuh, Gilgamesh, la Biblia, las mitologías griegas y romanas, las vikingas, hindúes y chinas. Es todo ello y es algo diferente,  lo que resulta de su paseo iniciático de reconstrucción mental.

Las protagonistas son mujeres y la historia como ella cuenta es inventada y dice: «En ese trabajo de inventarme a esa mujer he intentado recuperar un poco la historia de todas las mujeres y todo el rodaje de la violencia, las guerras, la huída, toda esa historia de sufrimiento de violencia de género y abusos, como sufrí yo. Por eso para mí este tema es tan importante en mi reconstrucción como constructo femenino de esos abusos de la infancia, como una niña malherida».

En su labor de investigación encuentra historias reales de niños que han intentado venir desde los desastres diabólicos de África hacia Europa, concretamente una niña de 16 años, que se queda embarazada y quiere venir a Europa para que su hija pueda vivir en paz e ir a la escuela. Natacha convierte a esa niña en Mäa, la madre de la protagonista. Dice: «Yo soy la niña Nastha, la madre muere y se queda huérfana y vuelvo a recuperar otro mito que es el de los niños salvajes, a quienes lo único que nos salva es la Naturaleza. Esa niña se crea en la selva y tiene ese libro que aparece en la exposición que su madre le ha dejado con todas las cosas que debiera saber, y con este libro comienza a construir todo el mensaje, a tejer, a hacer barro… Esa niña es maravillosa, se corre la voz y todos los sabios quieren conocerla, porque es como la pureza, la belleza, la verdad y a medida que van a verla se encuentran a alguien virgen en sentido verdadero de la Naturaleza y van dejándole presentes y con esos presentes ella va construyendo estas imágenes que son de algún modo poemas visuales en los que cada uno cuenta una historia». Con esas historias construye la primera biblioteca origen de su cultura.

La explicación del nombre del lugar, Kame Musa, dice ella: «Kame  viene de la Camelia japonesa, las flores favoritas de mi madre y Musa es la inspiración, el nido y las artes de la cerámica, de la pintura, el dibujo, el textil...».

La exposición es diferente y en ella se pueden ver varios tipos de piezas, muchas de las cuales se supone son fruto de una investigación arqueológica sobre ese lugar: el cuadro previo a su enfermedad, con lo que recupera una historia anterior como un trabajo de memoria, el libro, los nidos que son piezas de porcelana metidas en un cubo que es como el útero, las figuras, que son personajes de todas las mitologías, como Gea, la mujer embarazada, la diosa, la esencia de la mujer, la novia con pequeñas conchas llamadas buizos que se utilizaban como moneda de cambio o como medio de adivinación para atraer los buenos espíritus.

La pieza más importante de este ajuar es el collar, obra de confinamiento que comenzó como un pequeño trabajo y se fue ampliando hasta parecer una telaraña que ocupa la pared, con pájaros, animales, conchas y es el elemento más llamativo de la exposición por su simbolismo, como dice la autora: «todo ello fue surgiendo y he seguido trabajando en él a base de coral, cáñamo y lino, teñidos con tintes naturales así como diferentes elementos naturales. Lo he ido haciendo desde noviembre hasta ahora dos o tres horas cada tarde y algunos días me enredaba. Todo lo he hecho a mano. Todavía me apetece seguir trabajando en él».

Una exposición muy diferente a las que se pueden contemplar en la actualidad, pues se trata de una cosmogonía interior porque como dice la artista: «En realidad Nastha Baru soy yo».

Esta exposición, tan diferente a todas las demás, se podrá ver en la sala Ármaga, equipada con todas las medidas anti covid, en principio hasta mediados de abril, aunque puede prolongarse un tiempo más.
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