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Cosmos y no caos

Cosmos y no caos

OPINIóN IR

13/04/2020 A A
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Cosmos y no caos
Esperemos que, después de la devastación del virus Covid 19, nuestro mundo vuelva a ser un cosmos y no un caos.

Asegura Juan Renales en su prólogo a El cuento del Grial, de Chrétien de Troyes que «al forjarse la edad antigua el hombre se fue construyendo una cultura nueva» y asegura que esto se reflejó en el nacimiento de una literatura tendente a presentar el mundo como un cosmos y no como un caos. Y eso es lo que vamos a tener que hacer a partir del deseado fin de la actual pandemia.

Porque, como sucedió al finalizar la II Guerra mundial, «las cosas» no podrán seguir siendo parecidas la humanidad deberá buscar otros caminos más amplios y más seguros de entendimiento y colaboración. Las democracias se verán impelidas a abandonar a los agoreros intransigentes de uno y otro signo, a los salva patrias y a los alocados promotores de sí mismos, para buscar un gobierno de consenso formado por un grupo de personalidades que hayan demostrado que fueron capaces de destacar en diversas disciplinas y ejercer el liderazgo de grupos humanos en pro de la consecución de unos buenos fines. Fines que siempre han de tender al bien común de los individuos.

Los nacionalismos, los racismos, la separación de las sociedades por colores, sexos, creencias, o paisajes, deberán desaparecer para centrarse en lo principal. Y eso no querrá decir que desaparezcan las singularidades. Cada cual podría seguir siendo de donde es, cantando sus canciones, vistiendo su traje tradicional, y alimentándose de aquello que siempre se alimentara. Pero ni unas religiones, ni unas ideas, pueden ser el faro que guíe a «toda» la sociedad, sino el consenso entre los cien elegidos por todos, que serán quienes se ocupasen de la gobernabilidad del mundo.

Demos por extinguida esta segunda Edad Antigua. Pongamos en marcha una nueva ‘Quête’ (búsqueda) del Santo Grial, que no fue nunca un elemento solamente cristiano, ni un objeto sino una idea, la puesta en valor de la necesidad del ser humano de buscar la inmortalidad, el más allá, la trascendencia. Llegar todos a la Isla de Vidrio, a Ávalon, que son la misma cosa, la ‘tierra’ de los bienaventurados humanos que ya no necesitan enfrentarse unos a otros sino hacer frente al mal, que es el común enemigo.

Cosmos y no caos ha de ser nuestro mundo y para ello necesitamos ponernos en manos de la ciencia, de la historia, de la técnica, e ir abandonando definitivamente las miserias humanas, variables y antagónicas, las mezquindades, tan alejadas de la realidad, y, desde luego, la política tal como la entienden muchos ahora.
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