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29/07/2017 A A
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En Villanueva del Río y Minas hay un mesón llamado El Minero, una panadería Santa Bárbara y la imagen de ésta, la patrona, pintada en azulejos en las fachadas de las casas. El emblema del pueblo es el castillete del Pozo 5, una estructura de hierro oxidada con más de cien años que servía para bajar a las galerías de carbón de hulla. Pero en Villanueva del Río y Minas ya no quedan mineros.

En este municipio sevillano de cuatro mil habitantes hace cuarenta años que cerró la mina. En los últimos tiempos de la explotación ya había pocos mineros en activo. Después no se buscaron/encontraron alternativas. Ahora, paro y trabajos estacionales en el campo (recogida de la aceituna, del melocotón y la naranja), carteles de ‘se vende’ en las casas, una gasolinera cerrada a la entrada del pueblo.

«Aquí llegó a haber 1.500 mineros con tres turnos de trabajo. Y, en los años sesenta, hasta 19.000 habitantes», cuenta Carmen María Ruiz, hija y nieta de mineros, mientras nos enseña lo que queda en el pueblo de ese pasado que sigue estando muy presente.

Escucharla es como estar frente a un espejo: los accidentes de su abuelo en la oscuridad del pozo, los compañeros muertos, la alarma que suena y lleva a las familias a agruparse en la bocamina.

Villanueva del Río y Minas es Sabero, es el valle de Gordón, son los municipios del carbón en Laciana y el Bierzo. Hay tantas conexiones que casi no se aprecian las diferencias: el paisaje de olivos, el acento andaluz, el desconocimiento de la nieve en invierno y los cuarenta grados del verano.

Alzarse de puntillas sobre las ruinas. Es el esfuerzo que trata de hacer este municipio, que ha conseguido la declaración de Bien de Interés Cultural para los equipamientos y edificios de las Minas de la Reunión. Pero no hay dinero para tirar la cubierta de amianto del teatro y reabrirlo, o para acristalar la Casa de Máquinas y que las palomas no ensucien la singular máquina de vapor belga Bollinckx. A la Casa Dirección, la de los ingenieros jefe, se le ha caído parte del tejado. Casi todo está por hacer, pero hay que visitarlo para seguir aprendiéndonos en su reflejo.
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