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Con prisa a ninguna parte

Con prisa a ninguna parte

A LA CONTRA IR

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| 01/12/2021 A A
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Con prisa a ninguna parte
No puedo evitar que la fotografía me traiga el recuerdo de una vieja conversación, con el que –como en la imagen– estaba sentado en el banco, viendo pasar a gente que iba corriendo. Eran los primeros tiempos de la moda de correr, es posible que ni siquiera se llamara ‘running’.

El paisano sentado era Emilio, el último habitante de Piedrafita durante muchos años y muchas más nevadas de verdad, de metro y medio para arriba. Ya no pudo inventar más disculpas y tuvo que bajar con los hijos para León. Se sentaba en el banco y miraba la vida.

Mes gustaba ir a verlo. Tenían mucho jugo las conversaciones en aquel banco de la Granja. Estaba a lo suyo y cuando le parecía hablaba. Sentenciaba más bien, era lo suyo.

– ¿Ves a ése?

– El que va corriendo?

– Sí ¿Y qué?

– Pues que va con prisa, pero no va a ninguna parte.

– ¿Y cómo lo sabes?

– Porque dentro de un poco vuelve, y lleva la misma prisa que cuando iba.

– Le gustará correr.

– ¿Sin tener prisa?

– Igual corre por otra cosa.

– Mira. Corre ‘p’allá’, vuelve ‘p’acá’ y, lo que es peor, no corre nadie detrás de él;así que tampoco va huyendo de nadie ¿Entonces me puedes decir a santo de qué va corriendo?

– Le gustará correr.

– Vuelta la burra al trigo. Le gustará, no me aparto de que le guste, pero ¿para qué corre?

– Mira, ahí va otra también corriendo.

– Peor me lo pones.
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