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Con el cesto y en burro

Con el cesto y en burro

OPINIóN IR

28/11/2022 A A
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Con el cesto y en burro
El negocio del cambio climático ha sido y está siendo un buen chollo para muchos. A tantos noveles que no entrarían en las más o menos sesenta líneas de esta columna. Unos de los grandes beneficiarios de cobrar por las bolsas –ya saben, las que no contaminan porque se pagan– han sido los supermercados, que antes gastaban un dineral para que en las líneas de cajas el cliente pudiera colocar a gusto sus compras y ahora no sólo no le cuestan un céntimo sino que ganan dinero.

Se supone, como ha de suponer la gente normal que se plantea cosas aunque sean básicas, que dentro del precio de venta de la mercancía ya están contemplados todos los costes posibles y un beneficio. Desde la luz y la calefacción para tener caliente la tienda o el salario de la dependienta hasta las potenciales pérdidas por robos y roturas, pasando evidentemente por el papel del tique, el de envolver para regalo, el lazo y por supuesto la bolsa para llevarlo a casa.

Podría, tal vez, entender que a un tendero de barrio que vende un producto de un euro, al que le ha puesto un margen de menos de medio, le siente mal tener que dar una bolsa que a él le cuesta cinco céntimos. Pero a continuación va a llegar otro cliente que tal vez se gaste treinta, sesenta o doscientos euros –con sus cien de margen– y si ya lo de preguntarle a ver si quiere bolsa es totalmente ridículo, dársela con recelo o cobrarle 200,10 es para dejarle el producto allí y no volver a entrar en la vida.

Si los supermercados ya nos hicieron entrar por el aro de pagar por las bolsas como una especie de prerrogativa medioambiental, en muchas tiendas aún no se concibe lo de incomodar al cliente con la pregunta de la bolsa y mucho menos irritarle cobrándole cinco o veinte céntimos a mayores si se ha gastado cien, trescientos, mil o de ahí para arriba.

En estos días unos conocidos almacenes han sucumbido a la costumbre tan poco elegante de vender las bolsas y la reacción de tanto la mayoría de compradores como la de muchos dependientes fue parecida. Pero me quedo con la de un cliente que pagó delante de mí, cuando aseguró pensar que la época de ir con el cesto y en burro habían quedado atrás con eso que llamaban «progreso».
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