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Comprometidos con la cautela

Comprometidos con la cautela

OPINIóN IR

01/06/2020 A A
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Comprometidos con la cautela
Aquel que salió elegido concejal del ayuntamiento por su pueblo montañés de 30 vecinos en verano y cinco en invierno y andaba su madre toda disgustada quejándose a grandes voces: ¡Ay, España, España, en manos del mi Ramón! Y es que ‘el su Ramón’ adolecía de un déficit de capacidades y conocimientos rayano en la incongruencia. No será nada, Señora, le dijo el panadero, ya verá como todo se arregla. Y es que el panadero, que conocía bien el paño por llevar años recorriendo el municipio, estaba en realidad, y aunque sin él saberlo, comprometido con la cautela.

Aunque él nunca fue consciente de ello, lo vino a saber, años después, exactamente un 22 de mayo de 2020, el año de la pandemia, cuando ya en aquel pequeño pueblo no se quedaba nadie en invierno, escuchando en la TVE a la presidenta de la comunidad de Madrid declarando que ella estaba comprometida con la cautela. Y el panadero, que sentía curiosidad por la cultura, especialmente la leonesa, y hasta tenía en casa el libro de poesías y otro de mecánica cuántica, y al que ahora le sobraba mucho tiempo porque se negaba a cerrar su establecimiento aunque su zona de influencia se estaba quedando vacía, se quedó ‘ojiplático’ y corrió hacerse el encontradizo con Fulgencio, el del periódico, que a esa hora solía bajar a la ciudad para el trabajo, con el fin de ver si él le iluminaba un poco acerca del acertijo verbal de la Señora Presidenta Madrileña.

Yo qué quieres que te diga. ¿Como no sea que hablan otro idioma? Eso es como pretender ir en la procesión y repicar las campanas al mismo tiempo. Y el panadero lo entendió. Y los dos, que eran viejos amigos, se centraron en la murga diaria de tener que parar en el cruce de Matallana para soplar en el ‘Soplímetro’ de los guardias cuando ellos, los civiles, sabían que ninguno de los dos probaban trago nunca. A mí lo que me han dicho es que tienen que llenar el cupo. Y como solo pasamos nosotros.

Estuvieron riendo a carcajadas hasta cerca de la una cuando se presentó Miguel el de la Zampoña y se pusieron a cantar lo del Elefante de Orzonaga. Y, como ya habían pasado de la zona 0 a la 1 de ‘descumbramiento’ del virus, ya podían juntarse legalmente siempre que guardaran la debida separación unos de otros. Aquí lo difícil es encontrar con quién juntarte un poco más de lo debido. ¡Lo malo es la mascarilla! Que si te la pones, te asfixias. ¡Ay, España, España, en manos de Díaz Ayuso!
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