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Columpios a los que llaman parque infantil

Columpios a los que llaman parque infantil

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Toño Morala | 09/04/2018 A A
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Columpios a los que llaman parque infantil
Reportajes Los columpios han sido el gran juego de la infancia de muchas generaciones, éste sí era un juego mixto, no como las escuelas de entonces ¡Cuántas horas y cuántos recuerdos!
Los que nos criamos en la calle más que dentro de las casas, pues hemos tenido que ir aprendiendo a buscarnos la vida en lo referente a la diversión e inventando cosinas prácticas y que resolvieran la contienda sin más; a veces salían bien, y la mayor parte de ellas, todas mal. En fin, que había que exprimir la inventiva para ir jugando todos los chavales del barrio y que hubiera los menos conflictos posibles; para ello, madres y abuelos, así como algún padre, pocos, nos iban enseñando algo de orden y concierto, pero eso sí, casi siempre con la rabieta y los mocos por delante. En aquellos años, ahí estábamos casi todos con la misma ropa, aquel calzado de verano e invierno, las sandalias y las katiuskas, cuando llegaron, y para de contar; así y todo, muchos días nos sobraba la chaqueta o el abrigo remendado por darnos tanto en el columpio y demás telares de aquellos medio parques de barrio… -más tarde les llamaron parques infantiles-. En el centro de las ciudades, los parques eran mucho más grandes y los columpios de mejor calidad y en más cantidad; pero como iba escribiendo, la cosa era que el pantalón nos salvaba de aquellos rasguños de las puntas y tornillos que sobresalían por encima de las láminas de madera de los toboganes o de los asientos de los columpios. Y nada que decir, que éramos unos privilegiados; en otras partes, una cuerda colgada de la farola de turno, era el único parque y útil para ponerse a la cola un montón de niños… y venga a darnos unos a otros para coger el ritmo, y así se fue pasando una infancia, el que la tuvo, entre estos cachivaches, que aún hoy y su recuerdo, no sé cómo estamos vivos algunos, qué telares y qué mal mantenimiento por parte de los Ayuntamientos. Algunos dirán que si no había para comer, cómo iba a haber perras para columpios; pero los niños, y en todas las partes del mundo, somos todos iguales, nos gusta jugar y divertirnos, que cuando llegabas a casa, el cuadro era como para echarse a llorar, qué tiempos tan duros para algunos.

Los que nos criamos en la calle más que dentro de las casas, pues hemos tenido que ir aprendiendo a buscarnos la vida para la diversión e inventando cosinas prácticas Y no hablemos de las camisetas enganchadas en las varillas, de los pantalones rotos por vaya usted a saber el qué, y encima llegabas a casa y bronca de la madre o abuela. Pero, también uno recuerda la sonrisa de los grandes hombres del barrio que tan pronto arreglaban el tobogán, como el columpio, como el sube y baja, y todo con cuatro puntas, unos tornillos con tuerca y arandela o remaches y, sobre todo, con ruedas viejas del taller cuando las cambiaban; tan pronto las usaban para hacer de freno y que hiciera tope el sube y baja, llamado también balancín, como de asiento para un columpio, como de seguridad abiertas sobre las barras de sujección; eran unos manitas aquellos padres y abuelos que trabajaban en talleres de metalurgia o eran ferroviarios o ganaban el jornal en la mina; incluso, muchos de ellos, inventaban nuevos modelos con cuatro tablones y cuatro cosinas para que los niños jugáramos de maravilla. Y hay que nombrar también al alambre, que ese servía para todo. En una ocasión, trajeron una plataforma redonda, la pusieron piedras y cemento para amarrarla al suelo, y aquello giraba y giraba, cuatro paladas de arena traídas en la motocarro y tiradas para que los chavales no se hicieran daño, y a otra cosa que aquello duraba la intemerata. También hay que comentar, que algunos éramos muy bestias, unos más que otros; algunos se ponían de pie en los telares de todo tipo y se daban tan fuerte, que muchas madres les reñían por el atrevimiento de no tener miedo a nada, alguno dejó los dientes en el suelo o contra las barras de turno; yo no digo nada que también andaba entre ellos. Y casi siempre se caía alguien y había alguna magulladura, pero también se partía alguna pierna o brazo, y para la casa de socorro… un poco de escayola, bronca de la familia, y a dormir con la inyección antitetánica en el culo y al día siguiente a la escuela ante la atenta mirada de los demás… ya habías tenido tu minuto de gloria; lo malo, es que más o menos, por ahí, por ese minuto de gloria, por unas cosas u otras, íbamos pasando casi todos.

Hipócrates, el padre de la Medicina, tenía una receta infalible para que las jóvenes griegas conservaran la figura: columpiarse. Pero además del uso lúdico, el columpio sobre todo ha tenido un sentido religioso. En Grecia estaba vinculado a ciertos ritos dionisíacos, y de hecho, se atribuye su invención al Baco griego. En el cuadro “El descenso a los infiernos” aparece la heroína Fedra columpiándose, hecho que algunos relacionan con el mito del sube y baja, que representa el impulso que tiene el hombre hacia lo divino. Bueno, nada que decir. En las culturas agrícolas del Este de Europa (Letonia, Rusia…) era sobre todo un elemento mágico. Las jóvenes cantaban canciones sentadas en el balancín creyendo que tenía el mismo efecto que las plegarias a los dioses en la protección de las cosechas. Aunque existen de varias formas y tamaños, su aspecto más básico es el de un asiento que pende de una estructura de madera (como la rama de un árbol, por ejemplo) o de metal mediante unas cuerdas o cadenas. Un invento tan sencillo podría haber existido desde, literalmente, siempre, y la verdad es que en cierto modo así es, porque su origen se pierde en el tiempo y no sabemos quién lo inventó realmente. Otro registro interesante aunque más moderno surge al otro lado del Atlántico, en América. Se sabe que en la zona del Yucatán ya existían al menos casi dos siglos antes de la llegada de los españoles, habiéndose importado la idea desde el Caribe. En conclusión, el columpio ha existido a lo largo de muchas épocas y culturas, lo cual implica que se trata de un invento muy antiguo. Es muy posible que apareciera en varios lugares de manera independiente, pero esto quizás sea lo que más fascinación provoque: al estar tan acostumbrados a verlos, no nos hemos dado cuenta de que nos puede haber acompañado desde que el hombre es hombre, y es impresionante cómo un invento así ha seguido perdurando en el tiempo, sin apenas cambios.

No hablemos de las camisetas enganchadas en las varillas, de los pantalones rotos por vaya usted a saber el qué, y encima llegabas a casa y bronca Como curiosidad… Los brahamanes, - religión induista- creían que cuanto más alto subiesen al columpiarse, más alto crecería el arroz, pues la ceremonia se describe como un festival de la recolección. Y otra… Entre la Pascua de Resurrección y el día de San Juan, se dice que todos los rústicos letones dedicaban sus horas de ocio a columpiarse diligentemente; cuanto más se elevaban por los aires, más alto crecería el lino en dicha estación. También se encuentran adivinanzas y canciones al columpiarse; una de ellas es: “Tengo cadenas sin ser preso, si me empujas, voy y vengo; en los jardines y parques, muchos niños entretengo”.

Hay notas interesantes para la seguridad de los niños… Se debe tener en cuenta al escoger los diversos aparatos, sobre todo si son parques infantiles, balancines, columpios o toboganes, las distancias de seguridad de los mismos. Las comunidades de propietarios no suelen tener mucho espacio, así que tienen que medir bien la zona de juegos. Es lo primero que hay que hacer. En cada aparato, hay que ver detalles, si salen las medidas de los juegos y su zona de seguridad. Los parques infantiles, toboganes, balancines o columpios se deben anclar al suelo, por seguridad. Los parques infantiles de uso privado son estructuras pensadas para uso doméstico que los deben usar los niños de una familia. Las estructuras no son tan fuertes, las maderas tienen grietas, los asientos son de cuerda etc. Los parques infantiles de uso público son en cambio unas estructuras pensadas para un uso intensivo y son anti-vandálicas. Si los parques son de madera, es madera cuadrada con un tratamiento diferente a la de los parques de uso privado que hace que no tenga astillas ni grietas. Además los asientos de los columpios son de caucho con cadenas, las rampas de los toboganes son mucho más fuertes y gruesas etc. Y con seguridad, los chavales se lo pasan mejor, y nosotros estamos más tranquilos… y no como en aquellos años… qué columpios, y qué infancia; algunos nos lo pasábamos de miedo.
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