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Colchón

Colchón

OPINIóN IR

08/08/2021 A A
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Colchón
He comprado un colchón nuevo. Creo que es el tercer colchón que compro en mi vida. Quedan aparte, naturalmente, todos aquellos otros (propios o apropiados, ajenos, compartidos por accidente, alquilados…) que han guarecido mis sueños a lo largo de los años. También dejo de lado otras superficies informales donde arrojé los huesos en alguna noche descarriada. En suma: la historia de los colchones es la historia de la vida, el tránsito que va desde la borra de lana de la infancia, que necesitaba lavarse y varearse al menos una vez al año, hasta estas construcciones de muelles ensacados con recubrimiento de titanio dispuestos en panal de abeja con canapé incluido.

No es cualquier compra, desde luego. Imprevistos al margen, si su rendimiento es tal y como aventura la publicidad que lo precede, posiblemente sea el último colchón que adquiera en mi vida. La última expresión del núcleo de la patria. O tal vez debiera decir matria, siguiendo la hermosa línea de pensamiento de la vicepresidenta Yolanda Díaz. No otra cosa es una cama: en ella soñamos y en ella amamos, en ella nacemos y en ella morimos; es decir, es el lugar íntimo donde compartimos nuestras quimeras, a veces sólo con uno mismo, y en ellas crecemos. Por eso un desahucio es como privar a alguien de la tierra, convertirlo en expatriado, un individuo obligado a malvivir fuera de la patria.

El cantante francés Henri Tachan repetía en uno de sus estribillos una verdad indispensable: «entre el amor y la amistad no hay más que una cama de diferencia». ¿Cómo no sentirlo así si uno piensa en todos esos colchones esparcidos por el tiempo y por la geografía, si uno piensa en cuanto fue y es aún, si uno piensa directamente en la vida que se amortigua? Por eso mismo el último colchón es también el amor definitivo. Dije que no se trataba de cualquier compra y digo ahora que no se trata de cualquier amor. Lo que de común tienen entre sí uno y otro es lo del panal de abejas que nutre y vivifica, esa miel, esa jalea, ese dulzor…
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