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Coger aire para callar

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07/01/2018 A A
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Coger aire para callar
El tipo más desconcertante que he conocido nunca se llama Alejandro y es arquitecto. En realidad, desconcertante sólo resulta los primeros cinco minutos, porque pronto te entran ganas de estrellarle contra la pared. Tiene una extraña costumbre que le ha costado muchas amistades y que le hayan partido más de una vez la cara en diversas discusiones, entre las que destacan las de tráfico. Sus partes de accidente nunca son amistosos y, además de la factura del chapista, incluyen también la del dentista: al otro conductor, después de la colisión, siempre le entran ganas de meterle una hostia. Su extraña costumbre consiste en que coge aire para callar. En medio de cualquier conversación, a solas con él o entre un grupo numeroso de gente, inspira, retiene el aire en sus pulmones como si estuviera pensando en algo interesante que contar (hasta el punto de que, en un principio, parecía un individuo reflexivo o de alguna manera lentito) y, cuando por fin ha conseguido centrar la atención de todos los que le rodean, nunca dice nada. Expira y se te queda mirando como preguntándose por qué estabas esperando a que dijera algo, o directamente contempla el infinito. A la tercera vez consecutiva, resulta desesperante. Su actitud me recuerda, seguramente por lo que me irrita, a la que la mayoría de los partidos políticos mantienen respecto al desfalco de Caja España. Todos cogen aire para hablar pero, cuando se dan cuenta de hasta dónde pueden llegar las carambolas de las implicaciones, optan por el silencio... y miran al infinito o hablan, por ejemplo, de Cataluña, ese tema tan recurrente que ya se cuela hasta en los ascensores. Tienen la certeza de que todo lo que digan podrá ser utilizado en su contra. El PP, por motivos más que obvios, adopta la estrategia de Rajoy: mirar fijamente a sus rivales hasta que se desplomen por sí solos. A pesar de ello, su coordinador general, uno de los investigados por el guateque pagado con los ahorros de miles de leoneses y repagado después con los ahorros de millones de españoles, nos sigue dando lecciones de moralidad cada vez que coge aire. A veces, incluso, de tan digno parece que no necesitara coger aire para hablar, como los raperos. El PSOE, más que por la investigación, parece una vez más preocupado por la dirección que puedan tomar sus puñaladas internas y el efecto dominó local, autonómico y nacional del proceso... porque el partido empieza a parecerse demasiado a The Walking Dead: ya no sabes quién está vivo, quién está muerto ni quién acaba de resucitar. Ciudadanos, del que se puede decir que no está implicado únicamente porque no existía mientras el presidente de la caja de ahorros repartía créditos entre sus amistades y se guardaba un buen trozo del pastel para sí mismo, también coge aire con mucho estilo y frescura, con sentido común que ellos dicen, pero también calla porque promulgó no pactar con imputados y, ahora, los destellos de sus sonrisas Profident no pueden tapar todas sus contradicciones. Podemos se centra en los fuegos artificiales, que son lo suyo, convertidos aquí en una comisión de investigación de la que únicamente saldrán fotos y titulares huecos. Ya sabe que, cuando uno no quiere que pase nada, lo mejor que puede hacer no es estar parado ni quedarse callado, sino abrir una comisión de investigación. Los sindicatos, esta vez, ni siquiera cogen aire porque tienen tanto que callar como el resto. Sólo Izquierda Unida ha llevado el caso a los tribunales y, una vez más, parecen decididos a desaprovecharlo mediáticamente, que es, a su vez, lo suyo. Súmese usted al silencio. No diga nada. Inspire y expire hasta hiperventilar. La culpa puede terminar siendo suya.
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