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Cielos vacíos

Cielos vacíos

OPINIóN IR

24/02/2020 A A
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Cielos vacíos
En primera fila del estallido leonés del 16 F algunos viejos políticos, debajo del paraguas del escudo patrio, los cómplices del mal que nos aqueja: la despoblación y el deterioro económico. Mal asunto: que los culpables del problema sean los encargados de las soluciones. Porque ellos en compañía de otros han sido los causantes de que León hoy sea un Detroit, una ciudad menguante que no para de perder habitantes, sin industria, ni ganadería, ni comunicaciones, y que ha quedado relegada a la postrera posición tras su anexión con forceps a la comunidad de Castilla en la que ya somos entre las aves los gorriones.

Los gorriones, esa especie que también está menguando de forma alarmante por culpa de los mosquitos, (Culex pipiens ) su comida, infectados por pesticidas y, principalmente, por un parásito de nombre Plasmodium. Y con los gorriones van menguando también los herrerillos y los carboneros. Y así quedan nuestros cielos vacíos y podríamos hablar ya de Cielos vaciados, o vacíos.

El virus viene de lejos. Las familias numerosas abundaban, la posguerra era una dura realidad, y la reconstrucción de la región pasaba por su escasa capacidad de influir en las decisiones de aquel régimen que, sorprendentemente, favorecía claramente la industrialización del País Vasco y Cataluña, y reconstruía toda la costa mediterránea. León no absorbía tan ingente cantidad de humanistas que se formaban en conventos y seminarios, y que se fueron desparramando por todo el país en busca de fortuna. Y, pese al aumento en León de funcionarios acorde con la ampliación de toda clase de servicios, médicos, administrativos, docentes, y demás, llegó un momento en que eran más los que se veían obligados a partir, paso previo al punto en el cual ya apenas se creaban nuevas ofertas para las generaciones siguientes, lo que, unido a otros factores que no vienen al caso (como la mecanización) la posibilidad de sobrevivir en León se hizo ya un sueño inalcanzable.

Estas conciencias menguantes de muchos políticos, algunos de ellos recurrentes al insulto, como la Sra. Presidenta de Madrid, una tal Ayuso, que nos tiene por paletos, son ahora el principal vector de transmisión de esta malaria, de este extraño virus, de este parásito. Aunque algunos continuarán pensando que la causa principal de nuestro declive es la melancolía y que ella lo contagia todo. No hay salida para los gorriones, los carboneros y los herrerillos. Para las demás aves queda vida alrededor de los focos del poder; léase gobiernos, diputaciones, ayuntamientos, concejalías, y demás antros en los que se repartan prebendas y subvenciones.

Mientras tanto nuestro cielo se va viendo más vacío.
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