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Chris Kase: "¿Quién soy yo para decir cómo se ha de improvisar?"

Chris Kase: "¿Quién soy yo para decir cómo se ha de improvisar?"

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El trompetista estadounidense afincado en España, Chris Kase, protagoniza junto a su actual formación el concierto del Teatro El Albéitar. Ampliar imagen El trompetista estadounidense afincado en España, Chris Kase, protagoniza junto a su actual formación el concierto del Teatro El Albéitar.
Emilio L. Castellanos | 21/01/2021 A A
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Chris Kase: "¿Quién soy yo para decir cómo se ha de improvisar?"
Jazz El trompetista estadounidense afincado desde 1997 en Madrid acude este jueves a León con la formación que grabó su último disco, ‘Let Go’, que vertebrará el concierto que ofrecerá en El Albéitar
En 1997 Chris Kase decidió establecerse en Madrid, luego de una estancia de cinco años en New York, y desde entonces el jazz español bien que ha agradecido su permanente concurso. Poseedor de una trayectoria realmente envidiable, donde su labor como trompetista y fliscornista convive con las de compositor, arreglista y docente (actualmente imparte clases en Musikene, uno de los centros de formación musical más reputados de Europa y cantera permanente del jazz nacional), ha sido promotor y líder de diferentes proyectos, traducidos a ocho discos a su nombre, y colaborador incansable de un sinfín de músicos que se han beneficiado de su indiscutible talento. ‘Let Go’, su último disco, data de 2018 y precisamente su contenido, once composiciones del músico de New Jersey, servirá de soporte al concierto que este jueves, en un horario inusual a causa del toque de queda (18 horas) y con entrada gratuita con invitación (a recoger en la taquilla del teatro), el cuarteto de Kase (con los mismos músicos que lo grabaron: Marcos Collado, a la guitarra; Ander García, al contrabajo; y Miguel Benito, a la batería) ofrecerá en el Teatro El Albéitar. «Si tuviéramos que poner una etiqueta a mi música, mis influencias tiran a modernas», asegura el trompetista estadounidense. «Nuestro repertorio se basa principalmente en la improvisación y todos nosotros tenemos una formación bastante sólida en lo que son las diferentes generaciones del jazz, desde el bebop hasta hoy. Y todo eso se nota también en mi trabajo».

Desde mediados de los 90, más de setenta composiciones suyas han sido grabadas y editadas, lo que da testimonio de su empeño en la faceta compositiva a la que se aplica de una manera muy disciplinada y rigurosa. «Requiere mucho tiempo de calidad». Y así, «si tengo tiempo y ganas de componer», se sumerge en un proceso que vive diferentes fases de carácter muy orgánico y que arranca en muchas ocasiones con el piano o la trompeta y con el balbuceo de unas primeras improvisaciones que pueden abrir el camino hacia horizontes más propicios. «Ese primer sonido lo grabo y lo someto a una valoración para saber si es digno de desarrollar». Modelado ya el tema y puesto en común con los músicos que han de afrontarlo, este, provisto de una serie de elementos fijos, empieza a desarrollar su singularidad gracias al ejercicio de la improvisación, «¿quién soy yo para decir cómo se ha de improvisar?». Precisamente por ello, Kase formaliza los elencos a partir del grado de confianza y de complicidad que sus compañeros le ofrecen. «Confías en sus habilidades y su musicalidad, en su forma de soltarse la melena durante la improvisación». El cuarteto que visita este jueves León disfruta de una vida ya de seis años, lo que le confiere una enorme estabilidad y da solidez a toda su propuesta. «Nos conocemos tanto, a algunos desde hace más de veinte años, que el sonido del grupo se beneficia de ello».

Actuar, tocar en directo, sentir el escenario… Son detalles absolutamente necesarios y nutrientes para un músico y «que hemos echado mucho de menos en los últimos meses», confiesa Kase. «Hemos tenido un paréntesis muy importante en ese sentido y que esperemos podamos recuperar algo de lo que habíamos dejado atrás hace ya un año en un tiempo relativamente corto». «Si pudiera ver el futuro no me dedicaría a la trompeta. Sería rico», bromea.

Cuando ejerce su vocación como músico, «quiero transmitir lo que siento, lo que escucho dentro de mí». Y para ello encuentra en el jazz un vehículo de comunicación idóneo, «para mí el jazz es un estilo de expresión absoluta a través de la improvisación», y la trompeta o el fliscorno instrumentos imprescindibles para su cometido creativo. «Elijo uno u otro según el sonido o el estilo de la pieza o atendiendo a lo que estoy buscando».

Kenny Wheeler, Bob Mintzer, Steve Coleman, Chick Corea, Steve Wilson, Al Foster, Grant Stewart, Bruce Barth, Conrad Herwig, Jacob Sacks, Jim Rotondi, Perico Sambeat, Iñaki Salvador, Jorge Pardo, Don Braden… Son algunos de los músicos con los que el músico estadounidense ha tenido ocasión de colaborar. Una lista rutilante que sobresale en su biografía y que, sin duda alguna, le ha enriquecido creativamente. «De todo y de todos se aprende. De lo bueno y de lo menos bueno… Podemos sacar algo interesante y mucha información de cualquier encuentro que tenemos en el ámbito profesional. De vez en cuando, he tenido la suerte de compartir escenario con músicos de tanto talento y eso me hace sentir afortunado. Encajar en un proyecto de un músico de esa talla es una labor realmente importante de la cual se aprende muchísimo y que efectivamente influye en la formación de uno». Se confiesa muy autoexigente, «hay que serlo», y bajo esa premisa se conduce toda su carrera. «También, en el buen sentido de la palabra, hay que exigir a tus compañeros y a tus alumnos y abrirse a que también te exijan».

El se formó en Berklee y luego ha ido sumando etapas para una trayectoria copiosa en datos y referencias y donde también destaca su labor docente. «Espero estar enseñando algo en el aula», bromea. «La responsabilidad es grande, de ahí que refuerce el trato individual. Cada persona es un mundo y siempre hay que tenerlo en cuenta a la hora de dar clase. Trabajar en Musikene, además, duplica mi compromiso hacia mi trabajo y mis alumnos».
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