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Castilla - León

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OPINIóN IR

07/11/2019 A A
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Castilla - León
Para la mayor parte de las encuestas Santiago Abascal ganó el único debate electoral de la campaña. Estuvo bien. Un caballero español de Velázquez, con aplomo en los gestos y serenidad solemne. Sabía lo que quería decir y lo decía, a pecho entreabierto en la camisa sin corbata. Afilada la barba. Aguantando la mirada como recién llegado de Flandes. Último de Filipinas atrincherando el imperio y héroe del Alcázar esperando a los nacionales. Puede que sí, que Abascal venciera el debate eterno programado aun en horario de verano. Porque la España que madruga solo pudo ver la primera parte. Y ahí, entre los contenedores en llamas y el franquismo desenterrado se impulsó con el viento a favor de las últimas semanas. La gente se aburrió, o se fue a dormir, antes de que comenzara a enumerar barbaridades.

Sin embargo, el candidato de Vox ganó una batalla. Su concepción de las autonomías como culpables del despilfarro, los desequilibrios y hasta los nacionalismos no fue rebatida por ninguno de los otros candidatos. Si acaso, matizada. La deriva ingobernable de Cataluña y los desmanes regionales están generalizando las ansias de recentralización ante la evidencia de que el autonomismo inútil se bebió el café para todos y nos comió la tostada.

Esta corriente de opinión explica la necesidad imperiosa de los partidos territoriales por alcanzar el Congreso. El leonesismo de la UPL vuelve a concurrir a unas generales. También el sorianismo del joven PPSO y el fenómeno abulense de ‘Por Ávila’. Hay que estar en Madrid, más que nunca. Localismos proteccionistas que anhelan hacer eco en el hemiciclo. Para los leonesistas propondría una primera misión capital: defender la ‘y’ de Castilla y León que nadie pronuncia fuera de esta tierra, que se les cayó en el debate. La ‘y’ de la singularidad con la que la cuestionada arquitectura constitucional garantizó su razón de ser, sus enemigos y su añoranza.
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