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Carné para padres

Carné para padres

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Sofía Morán de Paz | 29/09/2019 A A
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Carné para padres
A debate Por Sofía Morán de Paz
Esta semana nos desayunábamos las imágenes de dos chicas menores de edad agrediendo a una excompañera de 14 años en la puerta de un instituto de Madrid. Dos pegando y 15 grabando. El corrillo, las risas y el jaleo. Le partieron la nariz y la molieron a palos. ¿Qué mierda es esta? ¿Qué está pasando? Generaciones de mastuerzos, que diría Javier Marías.

Fíjense en lo imprescindible de obtener un carné para poder conducir, una licencia para caza y pesca, o la acreditación como manipulador de alimentos para poder preparar un sándwich en una cafetería. Formaciones y cursos de todo tipo para afrontar cualquier actividad que entrañe un peligro para ti mismo, o para los demás. Lógica pura. ¿Dónde demonios está entonces el carné para padres y madres? ¿No echan de menos algún tipo de aprendizaje, con pruebas, evaluaciones y un «apto/no apto» final?

Vivimos en una especie de deriva constante, luchando contra nuestro propio desconcierto, pero lo que tenemos absolutamente claro es que, a pesar de todo, la educación (o la falta de ella) de nuestros hijos es algo privado, que sólo nos incumbe a nosotros, y sobre lo que nadie tiene derecho a opinar. ¡Faltaría más!

Se nos olvida casi siempre que no vivimos en una isla desierta, ni en un pequeño pueblo abandonado de la España vacía. Nuestras pequeñas criaturas, conviven y comparten con las pequeñas criaturas de los demás.

Casi medio millón de niños españoles asegura sufrir agresiones en el colegio. Los estudiantes de las ESO, con 13 y 14 años, son quienes más padecen, y ejercen, este maltrato contra sus compañeros.

Insultos, humillaciones públicas, rumores crueles, amenazas, empujones y golpes, palizas, agresiones sexuales… ¿En serio crees que no es mi problema cómo educas a tu hijo?

Es evidente que queremos lo mejor para ellos, que sean los mejores estudiantes, que aprendan idiomas, que hagan deporte. Elegimos minuciosamente sus actividades extraescolares en busca de la mejor y más completa formación.

Repasamos los menús del colegio en busca de alimentos integrales y ecológicos, y les hacemos de taxistas para llegar a entrenamientos y clases de música.

Educamos con «manga ancha», con prisa y con el «sí» siempre en la boca. Ante todo, el niño que no se frustre. Les damos todo hecho, les llevamos la agenda y resolvemos todos sus problemas, siempre pasados de frenada con el halago y el aplauso fácil.

Son los reyes del mambo y lo saben.

No me entiendan mal, que sean felices a toda costa es un objetivo loable, pero equivocado.

Por el camino nos hemos dejado el sentido común. Los padres y las madres de ahora, medio padres, medio colegas, no somos conscientes de la importancia que tiene la educación emocional de nuestros hijos para que puedan desarrollarse como personas y no como cabestros.

Dedicarles tiempo, generar confianza, que aprendan a identificar, entender y controlar sus emociones. Enseñarles a ser empáticos y asertivos. Conocerles, hablar con ellos. Nosotros somos los encargados de inculcarles valores fundamentales como la solidaridad, el respeto, el sentido de la justicia, o la tolerancia. ¿Cómo? Dando ejemplo, los valores los descubren los hijos a través del ejemplo de sus padres. Y a lo mejor por eso estamos como estamos.

Dejen de ‘aparcar’ en el colegio a sus vástagos descontrolados, abusivos y desafiantes, con la inútil esperanza de que allí se ocupen del problema.

Al colegio se llega con los deberes hechos y la educación ya puesta.

El acoso escolar no es una broma, no son cosas de críos, ni minucias que han existido siempre. Es un problema real en el que todos estamos implicados y del que todos somos un poco responsables.

Y la clave es, como casi siempre, la educación.

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
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