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Carmen, la surfista que no ha visto el mar

Carmen, la surfista que no ha visto el mar

LNC VERANO IR

Carmen López practica el surf, pasión que ejerce por encima de su ceguera. Ampliar imagen Carmen López practica el surf, pasión que ejerce por encima de su ceguera.
Fulgencio Fernández | 10/03/2019 A A
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Carmen, la surfista que no ha visto el mar
LNC Domingo La joven asturiana, deportista ciega, es habitual en Barrios de Luna
Su ceguera y el deporte que practica, el surf, ha hecho de que ella se digan y se escriban cosas como «la surfista que no ha visto el mar» o «la surfista que escucha las olas», figuras poéticas que Carmen López entiende y agradece pero ella insiste en una idea: «Sobre la ola, yo no veo que haya diferencias entre otros surfistas y yo» y, como tantos otros invidentes, hace bromas con la expresión «yo no veo» para matizarla, «que me siento como cualquier otro participante».

Pero más allá de las imágenes que definen a esta joven asturiana —de 21 años— haciendo deporte lo que se agotan con ella son los adjetivos elogiosos, que muchas veces sólo son las noticias que se van sucediendo: «Carmen López hace historia al ser la primera española en participar en un Mundial de Surf Adaptado, en California» o, la más importante, en lo deportivo: «Carmen López logra la medalla de cobre en California», por más que ella insista en darle un sentido más allá del deportivo a sus logros: «Es la primera y no oculto que aspiro a que lleguen muchas más, soy muy joven, pero para mí lo importante es que sirva para que la gente con una discapacidad visual, como yo, o de cualquier otro tipo entienda con mi ejemplo que si quieres lograr algo, puedes, que puede haber obstáculos pero no hay barreras que te lo impidan».

Lo dice ella que sabe bien de lo que habla, que antes de probar el surf lo hizo en otros deportes, como el patinaje artístico o la equitación. «El surf es mi medio, en la vida he encontrado muchas barreras, en el surf no». En el mar se siente absolutamente libre, aunque reconoce que tiene «un ángel de la guarda» o «una mano amiga», se llama Lucas García, fue campeón de Europa (en 2003) y subcampeón del mundo (en dos ocasiones, 2003 y 2006). «Lucas es mis ojos en el agua y quien me orienta. Cuando estoy en la ola me avisa de todo con un silbato, con toques que son como códigos me por dónde viene la ola o lo que sea»; explica la joven surfista a la que un glaucoma congénito robó la visión desde su nacimiento.

Y Lucas se muestra convencido del magnífico futuro de su pupila. «Tiene un equilibrio increíble, no conoce el miedo, aprende rápido...».

En bici por Barrios de Luna

Equitación, patinaje artístico, surf... fueron etapas que Carmen ha ido pasando. Sin embargo, hay otra de la que no hablan los reportajes pero que para ella también fue muy importante: la bicicleta, por las calles de Barrios de Luna, por las que la hoy surfista admiraba a los vecinos del pueblo, que sabían de su ceguera. Y es que en este pueblo leonés, con pantano pero sin olas, tiene la deportista un reducto para el descanso y los mejores recuerdos infantiles, como ocurre siempre que los recuerdos van unidos a la figura del abuelo. «Es cierto, el abuelo Luis comenzó a ir a veranear a Barrios de Luna y le encantó el lugar; tanto que se compró allí una casa y allí sigue viviendo.

Por eso, siempre que puedo, en vacaciones o cuando no tengo competición me acercó a verlo y a pasar unos días con él». Y en esos días, siendo una niña, aprendió a superar otras barreras y andaba en bicicleta por sus calles. «Es un lugar ideal para hacerlo, la carretera no atraviesa el pueblo, vive poca gente, es un lugar tranquilo..., claro que me acuerdo mucho de Barrios, es un lugar que va unido a mi mundo feliz».

Y en ese mundo feliz suma nuevas estampas. «Me encanta salir de paseo con abuelo y con nuestros perros, él con el suyo y yo con Luna, mi amigo inseparable ‘en tierra firme’».

También los vecinos de la localidad recuerdan «a la niña ciega que no encuentra barreras insalvables» y al abuelo Luis, «que antes era el asturiano y ahora es un vecino más del pueblo». Recuerda Carmen aquellos primeros paseos en bici, sin miedo, como no lo tuvo ante las primeras olas, cuando decidió probar suerte en el surf. «En mi primera ola no iba con miedo, y me arrastró, claro, pero me puse en pie. Me pareció divertido e intuí que empezaba una nueva etapa feliz porque es muy emocionante, no hay un día igual a otro, el mar siempre es diferente». Y cuando se cansé... ahí está el refugio del abuelo Luis, en Barrios de Luna, para recargar las pilas.
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